Los templos católicos, incorporados a los objetivos terroristas

El degollamiento de un sacerdote octogenario y el ataque a feligreses y religiosas, ocurrido mediada la mañana de ayer en una iglesia de la Alta Normandía -en Saint Etienne du – Rouvray- ha de considerarse como un salto adelante dentro del proceso de penetración islamista del llamado Estado Islámico contra Europa en general y, muy específicamente, contra la nación francesa en particular.

A la ampliada escala de las réplicas galas contra las bases territoriales de esta fracción del expansivo yihadismo islámico, decantado en sus presupuestos doctrinales desde las Madrasas musulmanas del Oriente Medio y el Asia central – operantes ya desde principios del Siglo XVII -; al nuevo ciclo de la colisión, de la “guerra de civilizaciones, tanto parece corresponder, en lo cuantitativo, la expansiva onda islamista del terrorismo musulmán en Europa, África y Asia, como en lo cualitativo y selectivo, su beligerancia específica contra centros docentes de formulación cristiana en todos los referidos escenarios continentales.

Especialmente en aquellos relacionados con la expansión colonial europea desde el último tercio del Siglo XIX hasta la segunda mitad del Siglo XX, con la descolonización subsiguiente después de la más grande de las guerras, que afectó, solapadamente, al ámbito colonial europeo de creación decimonónica y a los territorios afroasiáticos perdidos por el Imperio Otomano como consecuencia de la Paz de Versalles.

Tuvo la descolonización europea del Medio Oriente un efecto de rebote, demográfico y cultural, de diversa magnitud y compartidos efectos; unas resultantes de común hibridación y variantes concreciones. Pero de una estabilidad sostenida durante bastantes años; el islamismo cultural, como forma de vida, se compensó con el nacionalismo político.

Pero mientras ese equilibrio se rompía en Argelia por la radicalización de un nacionalismo de formato soviético que los escindió hasta profundidades de una larga y brutal guerra civil; y en Egipto se sostuvo por la prevalencia de un nacionalismo enrolado en la causa tercermundista, en Oriente Próximo la Guerra de Iraq, pulverizó el nacionalismo, de cuyas cenizas surgió, con el destilado radical de las Madrasas islámicas operado por la Al Qaeda de Ben Laden, el yihadismo terrorista previo a la actual eclosión del autodenominado Estado Islámico.