Entre el golpe turco y la revolución del 34

La Ley de la Memoria Histórica, alumbrada por el impulso de José Luís Rodríguez Zapatero, ha operado como subterfugio para la falsificación de la Historia de España en su recorrido de los últimos 80 años. Suele ocurrir que por estos días troncales del verano, en la franja de entrevírgenes por nuestro hemisferio boreal, se han dorado las mieses y madurado las frutas en la Naturaleza; y con reiteración cierta, aquí o allá, por estas calendas, se erizan los eventos conflictivos en la Historia.,

Así, acaso por el aliento informativo de los acontecimientos político-militares de estos días en Turquía, trae periodísticamente la rememoración del levantamiento militar en España de Julio de 1936. Pero sucede también que la polvareda turca de ahora -con la depuración por miles de jueces y mandos militares-, que se levanta con escándalo internacional, desde el fracaso de la sublevación contra el Gobierno de Recip Erdogan, se ha volcado la vista atrás en algún que otro medio nacional sobre cómo, de qué manera y por qué se produjo el levantamiento militar en España.

Del mismo modo que ahora se omiten los precedentes de lo ocurrido en España desde Octubre de 1934, con el separatismo catalanista proclamado por Luis Companys desde la presidencia de la Generalidad, y el levantamiento revolucionario en Asturias y otras muchas regiones, que hubo de sofocar la República con el Ejército, también en las horas transcurridos desde el golpe de Estado en Turquía, no se ha aplicado el foco ni el análisis a las causas por las que Fetula Gülen, exiliado actualmente en Norteamérica y que fue socio político y mentor ideológico de Erdogan (que le acusa de haber promovido el golpe), se separó del presidente al adentrarse éste por una deriva autoritaria contra la libertad de prensa tras de los escándalos económicos dados a conocer por los periódicos.

Pero siendo explicable que los acontecimientos turcos cursantes estén sumidos en la confusión respecto a ciertas de sus partes, o incluso en las más de ellas, como es el caso de su revuelta realidad, no es explicable que al cabo de 80 años impere la confusión respecto a circunstancias capitales de nuestro más crítico pasado nacional. Como sucede sobre la realidad de los hechos que cursaban en España desde octubre de 1934; de una parte, con la represión militar de la guerra revolucionaria de las izquierdas contra la victoria del centro-derecha en las elecciones de 1933, y de otra, con la violación independentista de la unidad nacional. Sin contar la quema de iglesias luego de las excarcelaciones tras de las anticipadas urnas de febrero de 1935, ganadas por el conglomerado frentepopulista, responsable de la revolución de octubre de 1934. Activada por la derrota electoral de las izquierdas en 1933.

El nuevo Gobierno, que puso en la calle a los presos encarcelados como partícipes de la revolución de octubre de 1934, y el asesinato de José Calvo Sotelo, jefe de la oposición monárquica, sacado de su casa por escoltas de Indalecio Prieto, luego de haber buscado éstos en la suya -sin encontrarlo, porque había huido a Portugal- a José María Gil Robles, el jefe de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas).

Pues eso, el Alzamiento de julio de 1936 comenzó en octubre de 1934…