La confusión política releva a la intentona militar turca

Mientras, de una parte, se cuentan por miles los jueces y magistrados suspendidos en sus funciones por el Gobierno de Erdogan, y en parecido rango de represalias son arrestados y encarcelados jefes militares y tropa tras de la asonada; y de otro punto, nada se ha revelado sobre dónde se encontraba el presidente turco en los primeros momentos del golpe, el impacto informativo y el clima político internacional derivado de la quiebra informativa y del atípico proceder del presidente, envolviéndose en las masas, primero como estrategia contra los golpistas para abortar la intentona, y luego para reconducir políticamente la tensión, el panorama turco a estas horas, ha derivado hacia un distanciamiento entre los puntos de vista de Washington y Ankara sobre una de las supuestas claves representadas y resumidas en el caso del polémico clérigo Fetulah Gülen, exiliado en Estados Unidos y antiguo socio político de Recip Erdogan, al que éste tacha de terrorista, acusa de ser el inspirador del golpe militar y demanda que se le extradite sin más.

La respuesta de Washington, después de que el presidente Obama hiciera una declaración de apoyo al Gobierno de Ankara, decisiva para el fracaso del golpe militar, como no podía ser de otra manera, pone por delante las condiciones jurídicas pertinentes: que la petición se haga en forma y que se aporten las pruebas de sus eventuales responsabilidades. No es sólo una cuestión de tosquedad operativa por parte del presidente turco; es un problema de fondo, de cultura democrática y de civilización. Algo insalvable incluso mediante lo que José Luis Rodríguez Zapatero proponía como “alianza de civilizaciones”. La confusión turca de estas horas incluye, como se advierte, dimensiones escatológicas.

La cosa no es para bromas. Turquía como nación aliada y miembro de la OTAN es factor que no cabe barajar, ante la confusa anormalidad política con la incompetencia técnica de que ha hecho gala el presidente turco a propósito de Gülen. Hay mucho más aparte de lo técnico-formal. Está la presunción de que el presidente turco, envuelto en la capa del apoyo popular, pretenda montar una purga político-cultural que abra paso a la islamización radical de la sociedad turca, hasta homologarla con los términos anteriores al cambio operado en día por Kemal Ataturk.