Cumbre europea de la incertidumbre

No había precedente en la ya vasta crónica de la Unión Europea. Ese ¿“Qué hacen ustedes aquí “?, con que Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión, ha saludado en la Eurocamara a Nigel Farange, líder del Ukip, compendia contenido y propósito de la histórica Cumbre comenzada este martes a causa del referéndum del Brexit habido el pasado jueves y que ha establecido la incertidumbre no sólo en la UE sino, por la ubicación efectiva de una parte y otra, Londres y Bruselas, en el seno de la comunidad internacional. Nada menos parecido a la seguridad jurídica y a la certidumbre institucional todo cuanto se compendia en este momento histórico.

De una parte, supone sobre la mesa de la sede comunitaria el debate sobre el procedimiento a seguir, para definir negro sobre blanco, el alcance del megasuceso planteado en las urnas británicas hace siete días. Y de otra parte, simultáneamente, el proceso – sólo dialéctico por ahora – de verificación sobre la idoneidad jurídica y política de lo actuado del lado británico en la consulta practicada. Dos millones de firmas, en efecto, cuestionan ya las precondiciones determinantes de la consulta habida en el histórico jueves a partir del cual no sólo se abrió el frente diplomático entre el Gobierno británico y el órgano de gobierno de la Unión Europea, sino que también se escindió formalmente el discurso político británico, en términos internamente globales, como los de un eventual referéndum en Escocia para su independencia del Reino Unido, como paso previo para una adhesión de la misma a la Unión Europea.

Pero hay más. De un punto, el porcentaje de un 60 por ciento del porcentaje mínimo para la mayoría de los votos de conformidad con la propuesta del Brexit en el eventual nuevo referéndum sobre la continuidad del Reino Unido en la UE. Y de otro, la cuantificación de unos mínimos de votantes conforme el censo nacional de británicos con derecho a sufragio superiores al 75 por ciento.

A ojos y entendimiento de españoles es posible acercarse a matices de primera magnitud, útiles y convenientes para andar en distingos necesarios a lo hora de saber que unas cosas pertenecen al verbo ser y otras corresponden al verbo estar. Sobre todo, a propósito de Europa y de las nieblas de tan variadas incertidumbres encaramadas en sus cumbres.