Riesgos de leer con el espejo

El fuerte componente de sorpresa deparado por los resultados del 26-J, dada la invertida naturaleza de lo aportado por éstos, respecto lo previsto especularmente y estimado estratégicamente como proceder que más convenía por los polos de beligerancia en los respectivos ámbitos ideológicos de las distintas izquierdas – el PSOE de una parte y el Podemismo por otra -; el turnante mimetismo entre uno y otro: de Pedro Sánchez, primero, con su destemplada y más que insultante radicalidad en el debate con Mariano Rajoy ante las cámaras de TVE. Modales mimetizados de los supuestamente propios del Podemismo, como queriendo tomarle la vez a éste en el mercado de la destemplanza y del voto radical.

Así las cosas, establecidas las urnas nuevamente, por el fracaso de Pedro Sánchez en su tentativa de formar Gobierno, el Podemismo de la fusión (populismo y comunistas procedentes de Izquierda Unida) hizo su análisis estratégico en el espejo del socialismo rectificado tonalmente durante la campaña. Ajustó verbo y ademanes a los de sus concurrentes en el mercado electoral de la izquierda. Y la resultante no pudo ser otra: desorientación de quienes habían de apuntarse para darle el “sorpasso” a las huestes de Ferraz. De tal manera, de polo a polo, se repetía en el universo de la izquierda española la derrota estratégica causada por leer en el espejo el texto y la imagen de las propias conveniencias. Puesto que el espejo invierte el sentido y la traza de aquello que se le pone delante.

Pero la especulación no agota su potencial de extravío en el plano de lo brillante. Lo guarda también, en muy mayor orden de veces, en el del discurso estratégico. Cuando Rivera pide que el sistema electoral sea sacrificado a la deidad de sus propias conveniencias, para que él y los suyos se avengan al desbloqueo del acceso a toda mayoría gobernante, los riesgos especulares alcanzan y rebasan la talla de la demencia política. Es decir, tratándose de disparates catalanes, cuando el aparente “seny” se trastoca en delirante y disparatada “rauxa”.

Quizá el riesgo especular más grave de todos sea el que Rivera le tomó prestado a la Madastra de Blanca Nieves.