La fantasmada de ZP en Venezuela

Mientras el Gobierno de Colombia anuncia un acuerdo de alto el fuego definitivo con las Farc, que el Gobierno venezolano de Nicolás Maduro celebraría alborozado – por la sintonía de fondo que el chavismo tuvo siempre con la guerrilla colombiana -, de no encontrarse en la tesitura interna con la que se encuentra, José Luís Rodríguez Zapatero, el ex presidente del Gobierno español, incurso en un fantasmal proceso de mediación entre la Oposición vencedora en las últimas elecciones parlamentarias y el régimen madurista, atrincherado en su poder de facto contra los vencedores en las urnas del 6 de diciembre del año pasado, ha sido destinatario de la implícita denuncia de H. Capriles, gobernador el Estado de Miranda, de contribuir a la estrategia de bloqueo gubernamental frente a los derechos constitucionales de sus adversarios. Principalmente, derechos con los que activar el proceso revocatorio del mandato que sostiene al responsable de la catástrofe política, social y económica en que se encuentra Venezuela.

Pero lo que allí está pendiente de apertura política por parte del Gobierno no es sólo la articulación operativa del proceso revocatorio de la presidencia de Maduro. Está también la libertad de los presos políticos, encarcelados a contraderecho, las libertades políticas inherentes a toda democracia parlamentaria y las actuaciones de urgencia social y racionalización económica que mantienen a la nación venezolana sumida en el caos.

Semejante ficción mediadora que la desempeñada por Rodríguez Zapatero es, conforme lo denunciado por Capriles, la que corresponde, dentro de la estrategia chavista de bloqueo cronológico, de agotamiento de los plazos para que se pueda revocar a Maduro, el formato de una comisión integrada con los expresidentes Martín Torrijos, de Panamá, y Lionel Hernández, de la República Dominicana. La trampa política es integral: la sustitución de los mecanismos legales propios de la Constitución por una dinámica de acuerdos derivada de un arbitraje político sin garantía alguna.

Todo demasiado burdo para que, añadidamente, pueda pasar por el tamiz de la misión estadounidense, presidida por Thoma Shanon, enviada por Washington luego del reciente acuerdo para la reapertura de las respectivas Embajadas.