Descaro comunista en su compromiso con Maduro

¿Era necesario que de inmediato, tras de suscribir su alianza electoral con Podemos, el líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón, reverenciara oralmente el surco interglúteo de este chavismo y tachara de “golpista” al encarcelado Leopoldo López el más emblemático líder de la oposición democrática a la devenida dictadura venezolana; condenado a más de 13 años de prisión tras escandalosa pantomima de proceso judicial, dentro de una panorámica de gobierno supuestamente democrático, en la que no queda rastro alguno de la separación constitucional de poderes?

Habida cuenta cómo son los tratos, pactos y convenios en las faunas políticas de los totalitarismos, la cornada dialéctica contra quien padece prisión en las ergástulas sovietizantes del aberrante Maduro hay que interpretarla como una suerte de doble pago: de Garzón a Pablo Iglesias y de Pablo Iglesias al régimen arruinado por la enciclopédica incompetencia cursante en la arruinada Venezuela de ahora mismo.

Estos restallantes despliegues de la dramática evolución de la realidad venezolana en todos los órdenes, en el político, en el social y en el económico, tienen en España algo más que sólo un eco o que simples resonancias. Lo más riguroso sería decir que se está operando una primera fase de vertebración o de interpenetración de los respectivos procesos nacionales, bien que sólo, de momento, en el plano aun solamente periférico de las expectativas de poder en que se desenvuelven los partidos y parroquias de la polícroma izquierda dura. Allí instalada y recocida, y aquí expectante y atolondrada.

Pero en el orden de los hechos más inmediatos y concretos sobre el golpismo real – ese en el que ha venido a engolfarse el mandato de Nicolás Maduro – hay cifras que lo dicen todo. Desde esos 340.000 milicianos, movilizados por el Gobierno para acercarlos a una maduración logística dentro de una precisa asignación de cometidos y, con ello la pertinente distribución de armamento: desde los 70.000 fusiles de asalto rusos, y 1.500 misiles para otros tantos milicianos.

No trascienden informaciones, sin embargo, sobre la articulación de estos efectivos en material y hombres, con las propias de las Fuerzas Armadas de Venezuela. Aunque cabe entender que las milicias las tenga destinadas el Gobierno como recurso arbitral para el caso de que sobreviniera una fractura de criterios en la aplicación de la fuerza, si llegara el caso de que fracasara la represión policial de la protesta ciudadana contra el bloqueo del referéndum revocatorio. O sea, contra la primera fase del ya actuado golpe de Estado en Venezuela.