Venezuela, arruinada por la corrupción chavista

Agotada por el Madurato, en la implosión final del sistema, la economía venezolana ha rodado cuesta abajo a velocidades paralelas con las que lo hacía arriba la explosión de las corrupciones inherentes a la impunidad política resultante del bloqueo presidencial al veredicto de las urnas del 6 de Diciembre de 2015.

La magnitud de las trapacerías denunciadas por el opositor Enrique Capriles, en el concreto ámbito de las inversiones realizadas por el régimen del heredero de Hugo Chávez en el apartado de la generación energética – contabilizadas en un total de 53.000 millones de dólares -, cobra su pleno sentido a la vista de los progresivos recortes del suministro eléctrico. Restricciones que llevan a la inmersión en la parálisis de sectores productivos y actividades cotidianas de la vida nacional venezolana. Un proceso de parálisis que, globalmente, se traduce en la reducción de los horarios y los días laborables.

Sucede además que la transversalidad totalitaria del sistema, discrimina los ámbitos de población a los que alcanza, o que deja al margen, el racionamiento nacional del fluido eléctrico. Reiterándose una y otra vez la discriminación positiva en favor de la geografía urbana dónde se residenciaron mayoritariamente las adhesiones al régimen. Es decir, el racionamiento – tanto de fluido eléctrico como de abastecimiento de agua- es para todos, pero unos son más iguales que otros…

El escándalo del agua es parejo al de la electricidad en lo que toca al caudal de inversiones realizadas y los resultados nacionales obtenidos, igual que en lo que respecta al petróleo, que incluye la aberrante realidad (en términos de seriedad nacional) de que el sistema chavista haya convertido a Venezuela en importador de gasolinas. La ineficiencia del régimen en lo económico compendia y resume – vistos los abrumadores techos de la inflación alcanzada- el penúltimo fracaso del populismo iberoamericano.

Pero el escándalo político en que ha desembocado el cambio político registrado por las urnas del último diciembre, con la obstrucción de Nicolás Maduro y sus compinches a toda hipótesis de cambio legal, pese a la mayoría superior a dos tercios lograda por la Oposición democrática, certifica la plena cristalización totalitaria a que ha llegado, con su específica corrupción, el régimen chavista.

No tardará el día en que alguna publicación especializada, como “Forbes”, nos dé la información pormenorizada de las cuentas en el extranjero de los primates civiles y militares del régimen.