El ecologismo, de Chernóbil a Fukushima

El accidente en la central nuclear ucraniana de Chernóbil, ocurrida hace 30 años, cuando el país se encontraba aun integrado en la URSS, ha sido el más grave de cuántos han ocurrido nunca. Todavía cursan sus efectos, tanto entre la población, afectada por los efectos de las radiaciones, como en el lugar de la catástrofe y sus entornos. Subsisten asimismo las cuantiosas y costosísimas tareas para eliminar, por aislamiento y confinación, las subsistentes estructuras de aquella central nuclear.

Las causas de la catástrofe se sitúan en el plano de diseño de la planta, al ser construida – como todas las demás en el mundo soviético – sin la cúpula de contención, propia de las que se ven ahora y siempre se vieron en el resto del mundo. Aunque también se identifican las causas de aquel infierno en los errores de gestión técnica en que se incurrió por quienes la operaban aquel fatídico 26 de Abril de 1986.

Tal error de gestión técnica multiplicó sus apocalípticos efectos por el propio error de diseño de su modelo: consistente en la irresponsable omisión estructural dentro del primer arquetipo soviético de centrales nucleares. Error inducido desde el atajo presupuestario (del 40 por ciento) resultante de una omisión estructural consistente en prescindir de la cúpula protectora. Lo probó el hecho de que previamente, en 1979, en la central nuclear estadounidense de Three Mile Island, sobrevino el accidente de manipulación desencadenante de una fuga de radiactividad sin consecuencias exteriores, sin escape alguno, puesto que la central disponía de la correspondiente cúpula.

Desde la correspondiente lectura histórica de la catástrofe nuclear de Chernóbil y de su obligada comparación con el suceso nuclear de Fukushima, en Marzo de 2011, se advierte cómo el ecologismo de entonces, combatiente enconado de la energía nuclear, remedó el silencio de los muertos al hilo de Chernóbil, mientras que a propósito del accidente de Fukushima el ecologismo de ahora ha resucitado y reverdecido sus andanadas contra la energía nuclear. Aquel mutismo suyo sobre Chernóbil fue tanto como un silencio financiado desde los ardores de la Guerra Fría.

Mientras que el suceso geológico en marzo de hace cinco años, con un seísmo en lo más alto de la Escala de Richter – que se resolvió en el gigantesco tsunami de Fukushima y sus miles de muertos – ha sido empleado por la militancia ecologista como renovada munición contra la energía de fisión. Es decir, contra el puente de espera mismo de la energía de fusión.