Nubarrones ante la “OTAN comercial”

Todo de lo mucho que tiene el “capotazo” del presidente Obama al Gobierno de Cameron – con su reciente artículo prologal a esta visita suya en Europa, contra la eventual defección británica de la apuesta por la Unión Europea por vía del próximo referéndum – cabría entenderlo, muy principalmente, como liturgia de futuro aplicada al relanzamiento de la negociación del gran Acuerdo comercial entre Estados Unidos y la Europa supranacionalmente integrada en una compleja apuesta de futuro. Tan compleja como lo son los cambios y los desafíos entre los que despega el nuevo milenio.

Pertenece a ellos, de forma muy apreciable, el trasvase económico y comercial al Océano Pacífico del escenario de actividad sustanciada en el Océano Atlántico en las dos últimas centurias. Un tiempo éste, especialmente en las dos últimas Centurias, signado por los avatares militares y políticos; pero también, de manera progresiva, por las relaciones económicas y comerciales.

Todas las interrelaciones euro-americanas medraron espacialmente durante el pasado siglo. Un proceso que nos llegó a los españoles con la pérdida de nuestras provincias ultramarinas de América y Asia en las postrimerías del XIX, y en el que Estados Unidos, de ahí en adelante, en el curso de las dos guerras mundiales, se articuló, por la sangre derramada en los frentes y por el Plan Marshall, en el destino de Europa.

Ese contexto de fondo en la relación euro-norteamericana es de base tan real y cierta como las concretos problemas para articular en un Tratado los intereses de uno y otro conjunto de los sistemas reguladores de producción y de intercambios de los respectivos productos y servicios. Pero, sobre todas las muchas cuestiones a considerar, prevalece la evidencia de que la no articulación suficiente entre uno y otro conjunto económico, el europeo y el estadounidense, supondría en su momento el que Unión Europea quedara descolgada la rearticulación de la economía mundial que supondrá el trasvase al mundo el Océano Pacífico la primacía -global también- representada hasta el presente en el espacio atlántico.

No es disparatado entender que el Tratado comercial euro-estadounidense puede representar en lo económico y comercial, como lo representado en lo militar y en lo político por la OTAN para la defensa de la cultura y civilización de las libertades. Los problemas que median son de rango y escala de importancia proporcional a los objetivos que se alcanzarían.