El capotazo de Obama

La carta de Obama publicada en la Prensa británica en torno al próximo referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, define la apuesta estadounidense por la continuidad en la integración. Lo hace al aire del 90 cumpleaños de la Reina Isabel y tiene, en medida cierta, valor añadido para los españoles desde la perspectiva inducida entre nosotros. Y lo tace no sólo por el declinante separatismo catalán y vasco, advertido en términos de opinión – específicamente en las encuestas -, sino también por la brotación taifal de secesionistas estructuralmente aflorados mediante la confederalista fórmula electoral de Podemos. Argucia que le permite el acceso a niveles de masa crítica que resultarían inaccesibles con sólo los aparejos ideológicos del leninismo subvencionado desde las ubres alternativas del populismo venezolano y la revolución islámica de los nuevos persas.

Dice el presidente de Estados Unidos en su misiva a los ingleses que “la Unión Europea no reduce la influencia británica sino que la magnífica”. Tal es el quid de la cuestión. La afirmación de Obama frente al nacionalismo orgánico de numerosos ingleses ante Bruselas, podría equivaler a la del nacionalismo secesionista catalán o vasco frente a la unidad política de España.

Salvadas las diferencias entre lo que es la propuesta política de unidad histórica en proceso de consolidación perfectiva, como es la Unión Europea, y lo que representa España como unidad nacional constituida, realizada sucesiva y continuadamente como proyecto histórico, son perceptibles los rangos de semejanza que existen entre la demanda de desistimiento del “Brexit” dentro del Reino Unido y las exigencias de secesión agavilladas en los flancos del reto y propuestas podemitas. Conforme al más rancio modelo estaliniano.

Un triunfo del Brexit dañaría al Reino Unido y dañaría a la Unión Europea lo mismo que las alternativas separatistas en España perjudicarían directamente y de toda gravedad a los territorios que las lograran, al resto del conjunto nacional y a la propia Unión Europea.

Insistir en el particularismo a estas alturas de la Historia con la globalización como horizonte; apostar por el particularismo, la desestructuración de los conjuntos nacionales y las obtenidas estructuras supranacionales, tanto como una propuesta de marcha atrás, puede percibirse también como tosca y simple estrategia revolucionaria
estribada, eso sí, en impulsos reaccionarios. El capotazo de Obama tiene muchas diversas y convenientes lecturas.