Teherán, escaparate de disuasión militar

Habrá que seguir bien de cerca el presente político de la República Islámica de Irán. Lo aconseja un doble motivo: la evolución política interior y el giro político regional. En lo primero, por la dialéctica de las dos corrientes del régimen: la liberal y aperturista del presidente Hasan Rohani, y la teocrática de los ayatolás radicales, representada por el Líder Supremo, Alí Jamenei. Uno y otro polo en las respectivas corrientes vienen asistidos por respectivas parroquias y correspondientes mitades en el universo político-religioso de la milenaria y antigua Persia. Un mundo aquél que cambió de nombre tras de la visita en Berlín a Adolfo Hitler del padre del último Sha, Mohamed R. Pahlevi, luego de recordarle el fundador del Nazismo que los persas formaban parte de los pueblos arios llegados, en el antiguo pasado, hasta el mundo asiático.

La exhibición en Teherán de los misiles rusos S-3000 llegados siete días antes, además de otros S-200, como el que derribó en el cielo de Ucrania el avión de Malasian, y del Talaash -3 de Tierra-Aire, ha tenido sus sabidas y esperadas críticas y denuncias en Oriente Próximo y Medio, especialmente por parte de Israel, desde que se conoció el acuerdo para el correspondiente suministro entre la Federación Rusa y la República Islámica de Irán.

En cualquier caso, lo que viene a abundar este escaparate del desfile militar en Teherán es, de una parte, su expresión doméstica de la tensión estructural entre el ciclo democrático – que suele mostrarse alternativamente entre presidentes aperturistas como Rohani y anteriormente Jatami -, y presidentes recalcitrantes en el revolucionarismo, y sintónicos con regímenes y Gobiernos como el del venezolano de Nicolás Maduro, cual fue el caso de Mahmud Ahmadineyad.

También cabe advertir que en este asunto del suministro de misiles de alta tecnología balística, Vladimir Putin ha utilizado “ad nauseam” para su mercadeo de armas con Irán, la cobertura generada por la negociación del acuerdo internacional que ha permitido el desbloqueo y retirada de las sanciones internacionales que se la habían impuesto a la República Islámica por su violación del Tratado contra la difusión de las Armas Nucleares.