Regresan por los Orientes las persecuciones de cristianos

La carnicería de cristianos perpetrada por una facción de los talibanes, en la región pakistaní de Lahore, sobre niños y mujeres cuando celebraban la Pascua de Resurrección, ha traído, policialmente, la detención de 5.000 individuos, seguida de inmediato por la puesta en libertad de la mayoría de ellos y la retención gubernativa de sólo 206 de los mismos. Se calcula que en Pakistán malviven, socialmente despreciados, dos millones de personas, aplicadas a los menesteres más humildes y socialmente menospreciados.

Pero el rasgo diferencial más acusado en ese país es que la persecución religiosa y el trato más degradante aplicado a los cristianos se acompaña de las cargas homicidas y los asaltos masivos contra la facción chií del Islam; algo, en esta segunda hostilidad de condición religiosa, se reitera en otros Estados del mundo islámico. Como es el caso de Iraq y Siria, bien que en estos dos escenarios nacionales aparecen invertidas las correspondientes minorías: en Iraq son mayoritarios los chiíes y en Siria los suníes. Los cristianos comparten minorías de muy sólida raigambre histórica, acompañada por el uso idiomático del arameo, que fue la lengua hablada por Jesucristo. Unos y otros, estos cristianos han sido perseguidos por las huestes del Daesh, el pretendido Califato Islámico.

La persecución de los cristianos dentro de la actual geografía del Islam es más reciente, sin embargo, en el espacio africano que en el ámbito asiático. El Imperio Otomano dispensó en general más tolerancia con las comunidades cristianas de Oriente (exceptuado el caso de la cristiana Armenia) y del norte de África que la del África moderna resultante de la descolonización, en la que arraigó de forma más temprana el radicalismo islámico actual, primero de Al Qaeda y luego el Daesh o Estado Islámico.

En todo caso, tratándose de África, merece mención aparte, la merma de la demografía cristiana del cristianismo copto, que ha menguado desde el cubrir la práctica totalidad de Egipto, cuando la eclosión del Islam, a representar actualmente sólo el 10 por ciento de la población. Y respecto de este país, de tanto peso relativo en el conjunto de los Estados árabes, conviene recordar la incidencia religiosa que tuvo sobre su población cristiana, como en el caso de Siria, la onda de la llamada Primavera Árabe. La caída del régimen autoritario de Mubarak lesionó sensiblemente el estatus residual de los coptos, cuyos templos sufrieron ataques reiterados, y sus feligreses padecieron muertes y hostigamientos, pues contrariamente a lo que ahora sucede en Pakistán, esta comunidad cristiana tiene entre sus componentes muchos profesionales y empresarios.

Mención obligada es la que en Nigeria merecen las masacres de Boko Haram, donde los cristianos asesinados se cuentan por miles, aunque no tantos como en la República Democrática del Congo, dónde en la primera década de la actual Centuria, se contabilizaron 90.000 muertes de cristianos.