Pakistán, rangos de bestialidad en el terrorismo islamista

Que sean más de 70 los fallecidos y, provisionalmente, 350 los heridos, sólo ilustra la magnitud del daño humano conseguido por los responsables del atentado en la región pakistaní de Lahore.

Que las víctimas elegidas sean niños y mujeres en su absoluta totalidad, deja al mundo en un pasmo de estupefacción.

Que el rencor especificado como motivación puntual de la acción terrorista haya sido motorizado por la celebración cristiana de la Pascua de Resurrección, en cuya fe comulgaban todos, define la escala demoníaca del sectarismo religioso-político.

Que la condición absoluta de las víctimas elegidas – niños y mujeres-, denuncia la cobardía repugnante y miserable de los autores intelectuales y responsables morales de esa barbarie.

Que la transversalidad político-ideológica de las sectas islamistas conjuradas en tan brutal operación, subraya la infinitud de la monstruosidad que alienta en este mundo y en este ahora.

Y que Pakistán sea un continente de diversidad religiosa, moral y política, dónde se concitan todas y cada una de las antítesis en sus correspondientes planos y supuestos de conflicto y colisión, sea una realidad de la que teníamos noticia, no basta para imaginar siquiera que pudiese ocurrir lo sucedido en la región de Lahore.