Aniversario crítico para Obama en Buenos Aires

Quizá porque no pudo ser de otra manera, Pérez Esquivel, el Premio Nobel argentino, se apresuraba a recordar, en la víspera de la llegada del presidente Obama a Buenos Aires, que tal día como este miércoles, hacía justo 40 años se implantaba la dictadura militar en Argentina tras el naufragio del orden democrático en el ápice de la guerra civil en que había desembocado el choque entre una fracción del peronismo y las otras taifas justicialistas, machihembradas con las huestes del izquierdismo más radical que cundía en el mundo hispanoamericano de entonces.

Todo aquello en el ciclo de la llamada Guerra Fría; que sólo era tal en el espacio europeo y en América del Norte, pero no en el resto del planeta: salpicado como estaba, por doquier – especialmente en Asia, África e Hispanoamérica – de conflictos armados y guerras calientes. Y en los casquetes polares de cada hemisferio ideológico, político y militar, la Unión Soviética y Estados Unidos.

A ese tiempo corresponde la crónica de las dictaduras del Cono Sur. Iniciada con la del Chile pinochetista luego de que el régimen democrático de Salvador Allende, con su Unidad Popular – que remedaba el acceso al poder del socialismo a través de las urnas – fuera ideológicamente asfixiado por el tutelaje del castrismo, que incluyó la visita “ad límina” de Fidel durante una temporada mitineando por la mina cuprífera de “El Teniente”, al igual que por otros escenarios de la industria extractiva del país, propagando la buena nueva del marxismo- leninismo. A esa misma data histórica correspondió el arrasamiento allendista de los límites constitucionales para el cambio político.
Tal es el retrocontexto histórico y regional del golpe militar argentino que hace justo 40 años pusiera fin a la revolución izquierdista después de que Pinochet hiciera lo propio con la chilena, bien que la represión argentina fuera de una dureza proporcional al rango de los desmanes perpetrados por las huestes montoneras y asociados en el guerrillerismo de vertebración castro-soviética de la que emergió el Che Guevara. Una proporcionalidad que explicaría en parte pero que no justificaría en ningún caso, conforme las cifras posteriormente reveladas en la propia Argentina y las que se revelen después con la desclasificación norteamericana de sus documentos secretos, cuando transcurran 50 años de lo sucedido entonces.

A este respecto, junto al reconocimiento del duro balance de la represión de la dictadura -completado por la deflación que en su día se haga de la explotación del kiirchnerismo de tan grave asunto, junto con el descuento implícito por el reconocimiento de las propias responsabilidades revolucionarias, es de observar la rentabilidad internacional que Argentina y el entero hemisferio iberoamericano obtendrán, tras de la victoria electoral de Macri, con el endoso de la visita de Obama. El populismo hemisferio cotiza firmemente a la baja.