Transición cubana y rescate argentino en las visitas de Obama

Arranca el epílogo presidencial de Barack Obama con las visitas a Cuba y Argentina; la primera, definible como el teórico inicio de la transición hacia el postcastrismo. Y la segunda, como lo que parece principio del rescate nacional argentino de un doble ciclo populista: el directamente protagonizado por Juan Domingo Perón, desde su llegada al poder hasta su exilio; y el otro tramo, aquel en que se restablece, tras de la dictadura militar y el frustrado restablecimiento de la democracia política convencional, con la no menos convencional alternancia en el poder de las distintas parroquias peronistas.

Siendo el kirchnerista el último de los turnos instalados en la Casa Rosada, con el episodio de la muerte violenta en su casa del fiscal que entendía sobre las complicidades del atentado contra la sede corporativa de los intereses judíos en la República del Plata AMIA (Asociación Mutual Israelí Argentina), ocurrida el 18 de Enero de 2015. Suceso éste dentro de cuya resonancia nacional sobrevino en las urnas, poco más de un año después, la derrota y fin de la demorada secuencia populista, con la victoria de Mauricio Macri, representante de la alternativa política convencional y normal, impecablemente democrática al populismo.

El acuerdo logrado con los Fondos Buitre sobre la deuda exterior argentina ha chocado desde el primer momento con la parroquia política de las últimas facciones peronistas instaladas en la Casa Rosada. Algo que expresa con una elocuencia cierta el rango del cambio político-económico operado en el Gobierno de la nación argentina, que de esta manera inicia un compás de transición, de progresión a un cambio, de muy significativa relevancia hemisférica, al coincidir con la mutación política en que se debate el gigante brasileño.

Hecho que no conviene separar, en el análisis del actual cambio iberoamericano, del agitado escenario venezolano ni, tampoco, de cuanto suceda, en el corto y medio plazo, de la visita del presidente Obama a Cuba. Especialmente en lo que corresponda a la apertura de la centralizada y soviética economía del país; una apertura de alcances poco más que cosméticos. Algo que corre en paralelo con el quietismo estadounidense ante las insistidas demandas cubanas para que Washington levante o atempere el peso del “embargo”. Una variable dependiente del Poder Legislativo y no de la Casa Blanca.

Quizá lo que cupiera esperar en estas horas sobre los eventuales cambios iberoamericanos habría que situarlo tanto en lo que pueda dar de sí la apertura europea en lo económico y en lo político como en la estela del presidente Obama por La Habana y Buenos Aires. Especialmente si se repara en la reserva de los hermanos Castro ante el correspondiente evento. Mientras, de momento, Raúl aparece como único interlocutor de Obama, Fidel recibe simultáneamente al impresentable sátrapa de Caracas.