Siria, el cuento de irás y no volverás

al Assad

La nueva ronda de negociaciones en Ginebra lanzada por Naciones Unidas para acabar de una vez la guerra civil que desangra Siria (300.000 muertos en una hemorragia bélica de cinco años) como colofón de ese espejismo voluntarista que llamaron la Primavera Árabe: comenzada en Túnez y rematada a las puertas de Damasco, luego de llevarse por delante las dictaduras nacionalistas de Libia y Egipto en el norte d África, y de encender otra guerra civil en Yemen, además de sacudir el crítico Estado de Bahréin, recatado por el Consejo de Cooperación del Golfo con sólo cruzar un puente poco más que un pelotón de blindados saudíes; la nueva ronda negociadora, digo, arranca con las mismas reticencias y cerrazones damascenas que prologaron el arranque de esa crudelísima contienda civil.

Dijo entonces Bashar el Assad, desde su oposición a que siguiera por Siria el mismo empellón de cambio político que había sacudido el norte de África; que tal empeño democratizador - de pretensión inequívocamente revolucionaria, puesto que implicaba, entre otras cosas, invertir la establecida relación de fuerzas en el país entre una minoría gobernante alauí y una suma heterogénea de suníes, cristianos y otras minorías religiosas y políticas. Assad ilustró la expresión de su rechazo al cambio con la advertencia amenazadora de que si la oposición no desistía se iba a montar en Siria cuanto no estaba en los escritos. Y así ha sido, aunque conforme modalidades que entonces no cupo imaginar, puesto que el estatus alcanzado por Al Qaeda, de una parte, y la eclosión del autodenominado EI (Estado Islámico), por otra, ha resultado de la fermentación histórica de los factores religiosos y políticos directamente engendrados por el desarrollo mismo de la guerra civil siríaca y de los efectos transversales de la derrota militar del nacionalismo árabe que representó, en el vecino Iraq el régimen de Sadam Hussein.

Si a todo ello se suman, desde una óptica regional, las gravitaciones respectivas del chiísmo de Irán, por un lado, y del sunismo de Arabia Saudí por otro; además de la fricción geopolítica sobre la región entre Estados Unidos y la Federación Rusa, se entiende mejor tanto el crecimiento escalar que ha tenido la guerra civil en Siria como el hecho de que la actual dinámica negociadora para la paz allí tenga que avanzar (¿) sobre criterios consensuados, en los reanudados contactos de Ginebra. Dónde ahora se pretende elaborar una hoja de ruta que lleve a la negociación sustantiva. La primordialmente centrada sobre el destino de Bashar Al Assad. Lo demás son variaciones del cuento de “Irás y no volverás”.

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