Inercias y discontinuidades iberoamericanas

Lula

El megasuceso político brasileño de la inspección policial domiciliaria del ex presidente Lula, acusado por la Fiscalía de haberse enriquecido con la corrupción y que luego fue llevado, eventualmente detenido, desde su domicilio a las correspondientes dependencias gubernativas - dentro del escándalo de corrupción política centrado en Petrobras, en el que se involucra a la propia presidenta de la República, Dilma Rousseff, en un vasto episodio de corrupción-, marca un hito en la agitada historia política del Brasil contemporáneo.

De otra parte, y en sentido opuesto, el vuelco histórico en la política argentina que ha supuesto la derrota electoral del metamorfoseado peronismo - variante local del populismo hemisférico - y el acceso al poder de Mauricio Macri, cuyo Gobierno se ha fajado con los Fondos Buitre en la lidia de la deuda internacional argentina: cuestión de principio que ha bloqueado durante 14 años la normalización económica internacional de la República del Plata.

Y hemisféricamente enfrente, el consolidado bloqueo del orden constitucional en Venezuela, relanzado por el catastrófico Gobierno de Nicolás Maduro tras de su aplastante derrota electoral sufrida en las elecciones parlamentarias del 6 de Diciembre de 20015, para impedir la modificación sistémica de las Leyes Orgánicas que han cementado la edificación de la dictadura chavista, al someter los Poderes Legislativo y Judicial a la incompetencia demoledora del presidente Maduro.

Además, y por si algo faltara en el balance de la confusión progresista, tan bienquista de las cursantes erupciones hispánicas de aquí, la derrota del populismo indigenista de Evo Morales - por el contradictorio choque con los indígenas afectados la fractura de su hábitat amazónico - en el referéndum convocado para ampliar nuevamente el número de sus mandatos como jefe del Estado, y pese a que las cuentas de su política económica, en el último ejercicio, nada tengan que ver con la catastrófica gestión de la economía venezolana. A despecho de que ambas compartan - la boliviana y la venezolana -, bien que en distinto grado, su dependencia de los hidrocarburos.

Todos y cada uno de los casos enumerados, además de otros menos evidentes por su relevancia escalar como países, o por el menor desacierto en los correspondientes errores de gestión, componen un síndrome, una panorámica, conceptualmente resumible de, una parte, en fracaso del populismo; y de otra, en un acierto del discurso opuesto, bajo el principio de la seriedad y el restablecimiento de las garantías jurídicas, las libertades políticas y la seguridad aportada por el Estado de Derecho. Como parece compendiar el programa del presidente Macri y de lo conviene en disentir su connacional el Papa Francisco, atenido, como le es propio, al principio metapolítico de la caridad.

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