Crisis política y manipulación semántica

Iglesias II

El régimen diluvial (de palabras) en que se resuelve estos días la crisis política en que se traducen estos días los resultados electorales del pasado 20 de Diciembre, sólo ha llegado, y ello no es poco, al afloramiento de las diferenciados rangos de identidad de algunas de las posturas políticas concurrentes en el debate; especialmente las del radicalismo de izquierda. El postureo y la dialéctica, en este caso, se fundían dentro de un muy cabal y acertado ensamblaje dentro del propósito al que servían.

El ósculo morral de Iglesias y Domenech (a la manera del de Honecker y Breznef) en la inauguración de la legislatura, ofició como segunda parte del amamantamiento del bebé a escaño libre de una doctorada representante galaica en la confederada y polisémica formación de los Podemitas.

Pero la manipulación semántica corrió de cuenta del adalid electoral del partido de la Rosa Empuñada y de su Estado Mayor en la campaña, al proponer, como yema de su oferta a los votantes venideros la argucia de representar “el cambio” a la política seguida por el Gobierno de Mariano Rajoy. Manifestación advertida con el más breve detenimiento, al reparar en que las propuestas del candidato socialista a la presidencia del Consejo de Ministros, lo realmente ofrecido para el caso de que haya que volver a votar el próximo mes de junio, en puridad, no sería el cambio. Sería el retrocambio.

La vuelta a las políticas de José Luís Rodríguez Zapatero, tanto en lo concerniente a la economía, que abismó en el paro al segmento más desvalido del pueblo español; como en lo referido al problema de Cataluña, cuando ZP remedó el mayúsculo error de Manuel Azaña cuando a éste, de vuelta de una visita de Estado a la región, no se le ocurrió otra cosa que decirle a los nacionalistas que le enviaran el proyecto de Estatuto que quisieran... La posterior y obligada recogida de velas en el Congreso de Diputados tuvo como coste político nacional el establecimiento de las bases, la catalización, del conflicto secesionista en Cataluña.

Y ya en la presente centuria, el “efecto percebe” de ZP no consistió en otra cosa, como digo, que reiterarse en el error de Azaña, al ofrecer al nacionalismo radical que le enviara el Estatuto que quisiera. Algo que fue como una pila atómica capaz de reanimar indefinidamente la disidencia separatista.

Uno y otro contenido del retrocambio propuesto por el PSOE y las izquierdas en general, especialmente la de su facción más conspicua, pilotada por Pablo Iglesias, lleva consigo la propuesta secesionista más radical. La que deja en mantillas cuanto representó el cantonalismo. Pero lo que no se ha suficientemente advertido en la cornada de Iglesias a Felipe González, con lo de las “manos manchadas de cal” (de los GAL), es cuánto pudo haber en ello de congruencia con los patrocinios venezolanos, especialmente del presidente Maduro, por la muy plausible pretensión de asistir a Leopoldo López, el dirigente opositor, encarcelado y juzgado sin garantía procesal alguna, como tantos otros, por el régimen chavista.

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