Argentina, acuerdo económico desde y para el cambio político

Un pulso político-judicial de casi tres lustros de duración parece haber concluido en su estricta primera fase, la de la negociación del Gobierno con los portavoces de los acreedores internacionales, y abre el compás hacia el otro rango del problema: el parlamentario. Dónde se habrá de validar el logro negociador de ahora. Algo que supone tanto como una hazaña que hubiera sido poco menos que impensable sin el cambio de interlocutor político de los acreedores; es decir, sin la llegada en Buenos Aires a la Casa Rosada de lo que políticamente representa Mauricio Macri frente al Kirchnerismo.

O dicho de otra manera, la siempre mutante fauna ideológica del peronismo, procesada por el evento mayor de la inconfesada guerra civil padecida por Argentina en el contexto global de la Guerra Fría. Primero con la revolución montonera y después con la represión de la dictadura militar; reprimida ésta, a su vez, desde la restauración de las urnas y las libertades.

En cada uno de los cambios de agujas que jalonaron el paso de una etapa a la siguiente, fue creciendo el desplome del crédito económico internacional de Argentina. Todo un tranco histórico en que prácticamente se solaparon el orto del chavismo venezolano y el ocaso del decoro nacional representado por el estuario del tardoperonismo; especialmente en el ramal kirschneriano, donde, por modo más específico, los favores de régimen – aportados por Caracas desde la boyantía del precio más alto del barril de petróleo –, se resolvieron en medro caudaloso de los primates nominalmente justicialistas.

Las últimas elecciones se resolvieron, para Argentina, en la quiebra del ecosistema sobre el que se desarrollaron infructuosamente las negociaciones de sus Gobiernos con los llamados “fondos buitre”, por no poderse cuadrar el porte de los riesgos tomados por los compradores internacionales de deuda del Plata con la insolvencia sistémica del populista interlocutor que se turnaba en Buenos Aires.

Desde una perspectiva hemisférica, iberoamericana, la victoria electoral de Mauricio Macri en Argentina ha venido a engranarse con la derrota del chavismo en Venezuela; o sea, con el desplazamiento poco menos que hacia la nada del populismo hemisférico.

Otra cosa será que en el caso argentino, la validación parlamentaria del corte habido sobre el nudo de la negociación de la deuda argentina; desenlace obligado para que las inversiones extranjeras regresen al país. Es decir, para que Argentina recupere la senda del crecimiento estable. Y aún para más: para que la gravitación, el peso económico de Argentina, reequilibre la política hemisférica iberoamericana frente al populismo chavista. Por mucho que esto duela a los podemitas de aquí.