Alerta chino-americana frente a Pyongyang

Días atrás, el Instituto Gallup registraba en una encuesta el disparado ascenso entre la población estadounidense de la alarma producida por Corea del Norte luego de su último ensayo nuclear, seguida del lanzamiento de un misil intercontinental con alance de 14.000 kilómetros, equivalente a la distancia que media entre el territorio norcoreano y la costa estadounidense. Se precisaba en la encuesta de Gallup que la actual percepción de riesgo rebasaba ya, cumplidamente, a la alerta generada por la irrupción en el mundo del “califato” yihadista del autodenominado “Estado Islámico”, y Daesh entre los musulmanes.

La percepción estadounidense del riesgo generado por la ejecutoria armamentista del Tercer Soberano de aquella monarquía comunista, no sólo tiene un soporte civil, de curso interno en su propia opinión pública, sino que encuentra eco también en planos gubernamentales.

Y lo hace, desde esta perspectiva, asimismo, en el seno de la propia percepción de Pekín: tenida hasta ahora como la potencia internacional más “comprensiva” del discurso global de Corea del Norte. Hasta el punto de que en su actual visita a Washington de Wang Yi, ministro chino de Asuntos Exteriores, se ha manifestado conforme con un reforzamiento de las sanciones internacionales al régimen de Pyongyang, según informa la Casa Blanca.

Tan relevante resulta esta sintonía chino-americana, tanto por lo que en estos años ha tenido de protectora de Pyongyang la ejecutoria diplomática de Pekín, como por el hecho que, en las últimas semanas, el tono de las relaciones entre Pekín y Washington se habían resentido de las tensiones generadas entre los chinos y algunos países miembros de la ASEAN, por la prácticas poco menos que anexionistas de China sobre aguas internacionales y espacios ribereños de tales Estados.

Y a este contexto de tensión regional en el Mar de la China, corresponden también los movimientos de la flota norteamericana en el Océano Pacífico entre discutibles y discutidas posiciones forzadas por China en ese ámbito del Pacífico oriental, por dónde circula un tercio del tráfico marítimo en el mundo. Un ámbito oceánico, en fin, que incluye hacia el norte el pleito chino-japonés por el micro-archipiélago sin población de las islas Senkaku. Comparten ambos escenarios de tensión marítima la presunción de que sus fondos submarinos son ricos en hidrocarburos.

Pero lo más significativo, a los considerados cambios de Pekín respecto de su histórica cobertura a las provocaciones norcoreanas, en armamento atómico y vectores balísticos para el eventual uso del mismo; lo más significativo y relevante, digo, es que tal cambio diplomático chino tiene su piedra de toque, respecto a su consistencia y seriedad, en la propia relevancia de sus intereses y pretensiones en el escenario de los Estrechos Orientales.