Tras de Morales en Bolivia, Maduro en Venezuela

El microuniverso del chavismo – en el que ha de incluirse el emergido territorio podemita español -, luego de la derrota boliviana de Evo Morales en la consulta nacional para que se le concediera otra legislatura hacia la presidencia de Bolivia, vuelve a abrirse a la eventualidad de un nuevo referéndum, esta vez en Venezuela, definidor del futuro inmediato de Nicolás Maduro. Pero tal eventualidad no se plantea desde la actual presidencia, sino desde la Oposición; concretamente, por parte de Henrique Capriles, candidato a la Jefatura del Estado en la última consulta presidencial, en la que fue muy equivoca y discutiblemente derrotado por el proclamado heredero de Hugo Chávez.

Ha razonado Capriles, vistas las cosas como están – de bloqueo desde el Poder de las consecuencias parlamentarias de las urnas del 6 de diciembre – que lo más prudente y razonable sería, para evitar un golpe de Estado arbitrado desde el Ejército ( pienso que por causa de la división interna de éste, capaz de llevar a una guerra civil), o una explosión social por la catástrofe económica en que está sumido el país; en circunstancias así, sería lo más prudente convocar una consulta revocatoria de los poderes que ilegítimamente utiliza Nicolás Maduro, puesto que bloquea el derecho de la mayoría parlamentaria a exigir, entre otras importantes cosas, sacar adelante una Ley de Amnistía que ponga en la calle al largo centenar de presos políticos; entre ellos, Leopoldo López y Antonio Ceballos, el alcalde metropolitano de Caracas. Todos ellos encarcelados al cabo de una ficción de Justicia sustanciada desde un Poder Judicial, carente de independencia por ser mero agente del Gobierno.

Pero la alternativa de un referéndum revocatorio de las capacidades presidenciales, que es sobre el papel y conforme a las leyes venezolanas opción cabal, prudente y colmada, como digo, de buen sentido, supone poco menos que una petición de principio. No hay garantía alguna de que esa iniciativa no corra la misma suerte padecida por las otras, ya intentadas, en el seno de la Asamblea Nacional desde base jurídica suficiente para que el régimen chavista se aviniese, tal como corresponde a todo Estado de Derecho.

Pero el régimen bolivariano, obviamente, no es tal ni nada que se le parezca. ¿Para qué tal cosa y todo lo relacionado con la libertad, como respondió Lenin a la pregunta que le hiciera en Moscú Fernando de los Ríos sobre las carencias esenciales de su discurso sobre la dictadura comunista?