¿Sólo un fuero en la Unión Europea?

Las pactadas condiciones de excepción legal conseguidas por David Cameron en la última Cumbre europea, para aliviar ( bajo la amenaza de un referéndum aprobatorio de la salida británica de la Unión Europea) el peso presupuestario de las políticas asistenciales, cuando éstas se aplican en beneficio de nacionales de otros países miembros de la UE establecidos en el Reino Unido dentro de determinados periodos de radicación; lo convenido en la maratoniana última Cumbre de la UE celebrada en Bruselas, sienta un precedente y abre una brecha sobre la que sobrevendrán iguales o parecidas pretensiones por parte de otros Gobiernos de la Unión Europea.

La cuestión se las trae. El acuerdo al que se ha llegado al cabo de una inacabable discusión, además de cortar la dinámica de unificación normativa del proyecto europeo, con un genuino paso atrás en el plano de los principios, escenifica enteramente un retroceso en el propósito histórico acuñado con el Tratado de Roma. Lo conseguido por Cameron no deriva de una base de excepcionalidad histórica, de una emergencia crítica, como la expresada por el cursante alud migratorio que fluye sobre Europa, originado en parte principal de la guerra de Siria, que ha venido a modificar la situación de hecho regulada por el Acuerdo de Schengen para el libre paso intrafronterizo dentro del integrado conjunto de la UE.

En esto del alivio económico en las cuentas nacionales del Reino Unido – derivadas del gasto sanitario de los residentes que proceden de la UE – obtenido por el Premier británico en Bruselas, la excepcionalidad no se encuentra ni corresponde a evento alguno de fuerza mayor propio de sobrevenidas circunstancias históricas o políticas. Pertenece a la materialidad del propio suceso, del botín mismo conseguido por el director de la política británica.

O estamos cegados por la propia excepcionalidad del suceso, o esto marca un antes y un después para la Unión Europea. No hay, no es posible, un fuero, una singularidad excepcional, para cada uno de los concernidos en un proceso de integración. El “pacta sunt servanda” (los pactos, los compromisos, deben ser observados) mientras no cambien, excepcional y proporcionalmente, las cosas dónde sucedieron.