Venezuela, en régimen de golpe de estado

La relación nutriente mantenida por el sistema bolivariano con el “podemismo” en expectativa de poder, refuerza el intrínseco interés que despierta la grave peripecia política en que se debate el hispánico pueblo de Venezuela. El progresivo descaramiento al que se aplica allí el leninismo de última hora, coherente con la “dialéctica de las situaciones concretas” dentro de la situación nacional en que desembocaron las urnas del 6 de Diciembre pasado; potencia, por si faltara poco, el escándalo de la estafa política que el chavismo perpetra contra la victoria electoral de la Oposición democrática.

Al cumplirse dos años de prisión del opositor Leopoldo López, de los 13 y pico a que fue condenado por dos agentes del régimen chavista (un fiscal que se refugió después y una magistrada que se retrepó luego en la sinecura con la que fue premiada por el chavismo); y luego de que la victoria de la posición alcanzara límites críticos – dos tercios de diputados en la Asamblea Nacional -, Diosdado Cabello, segunda jerarquía del régimen y presidente de la Cámara Legislativa, se permite abroncar a la nueva bancada mayoritaria amonestándole por su pretensión de sacar adelante una Ley de Amnistía para que los 70 presos políticos encarcelados salgan a la calle.
La resistencia del Poder al imperio de las leyes constitucionales, no sólo hace imposible votar y aplicar la Ley de Amnistía sino que, también cierra el paso a la Ley Revocatoria de los poderes presidenciales de Nicolás Maduro. En términos prácticos, tal y conforme como se titula esta norma de la bifronte actualidad, Venezuela comienza ya a padecer una crítica situación de golpe de Estado: disposición de las cosas públicas cuya realidad no acaba de enmascarar la arribada a Caracas de una misión política internacional integrada por ex presidentes de naciones americanas y europeas.

Se trata de un cuadro clínico, de una escena nacional venezolana de doble quiebra: una, de la legalidad constitucional, de la legitimidad del poder gobernante; y otra, de naufragio del sistema económico del país, menos por la hiper-inflación que por el desabastecimiento de productos de primera necesidad; por el consumado estado de saqueo de los recursos nacionales, y por la corrupción que bloquea críticamente la capacidad arbitral de las Fuerzas Armadas, acaso precisas para despejar el bloqueo golpista que impide cumplir la voluntad nacional tan nítidamente expresada en las urnas del 6 de Diciembre del 2015.

Para una lectura española de la Venezuela de ahora mismo, desde los prismas ideológicos esgrimidos por la izquierda de aquí más arriscada y pretenciosa, la desembocadura del supuesto nacionalsocialismo chavista promete no ser otra cosa, con el cursante golpismo de hecho, que la también leninista dictadura del “precariado”. Sí así: es la nueva manera de llamar al proletariado.