Misiles por los estrechos orientales

En el sur del llamado Mar de China, hace sólo dos semanas – por una zona donde discurre un tercio del tráfico marítimo mundial – ha instalado China, dentro del archipiélago de Paracel, en la isla Woody, dos baterías de misiles antiaéreos con alcance de 200 kilómetros. La voz de alarma la ha dado Taiwan, cuya política con Pekín se ha tensado significativamente después de las recientes elecciones presidenciales, aunque sus pretensiones territoriales sobre esas aguas, ricas en hidrocarburos, son compartidas por Vietnam, Malasia y Filipinas.

El aviso taiwanés fue confirmado por el Departamento de Defensa estadounidense en el contexto de un encuentro del Presidente Obama con los representantes de los países miembros de la ASEAN, tras celebrarse la última Conferencia Cumbre en la que se abordó la problemática regional derivada de las pretensiones chinas sobre ese conjunto marítimo, del que reclama como propio el 90 por ciento de su extensión, en la que se incluyen otras islas y arrecifes, distantes 800 kilómetros de la costa china y a sólo 220 de Filipinas.

No es novedad la disputa con China por parte de los países de la ASEAN a propósito de la titularidad de las aguas que bañan sus respectivas costas, primordialmente por la señalada circunstancia de la riqueza de sus fondos. Dato éste que motoriza la pretensión de Pekín hasta el punto de querer subordinar los fundamentos de territorialidad que en el Derecho Internacional Público define los títulos de soberanía por la proximidad del espacio marítimo discutido a las costas del país en cuestión.

Tampoco son de ahora mismo los incidentes chino-americanos, navales y aéreos, en otro espacio del Pacífico del Pacífico occidental, por la disputa chino-japonesa a propósito de las islas Senkaku o Diaoyu, ocupadas por Estados Unidos en 10945, al acabar la Segunda Guerra Mundial tras la derrota de Japón, y devueltas a los japoneses en 1972.