Chavismo y podemismo, más de lo mismo

El anuncio presidencial en Caracas de que se aplicará de inmediato a la revisión de las relaciones entre Venezuela y España, por la supuesta injerencia del actual Gobierno español en la política venezolana, ha tenido la singular virtud de describir, en la correspondiente exposición de motivos- tanto en el qué y en el cómo de su argumentario – de aquello que, desde Madrid, se podría haber aducido para fundamentar una requisitoria para la reconsideración formal de tales relaciones, habida cuenta el tenor de las insistidas palabras de ese fino gobernante -egresado “cum laude” de los Talleres Revolucionarios de La Habana castrocomunista -, por la muy tosca grosería de los improperios en que se reitera sobre el titular del Gobierno español, desde antes de que éste lo fuera sólo, como ahora mismo, en funciones.

Para el actual régimen de Caracas habrá sido tanto como el colmo de las cosas que las autoridades españolas se apliquen a conocer circunstancias y pormenores de la importación temporal de la fauna política española más vocada y volcada a la izquierda de los últimos tiempos; muy especialmente, la concernida en la última generación del populismo post-soviético destilado en los alambiques del castrocomunismo cubano. O sea, en los alambiques que han destilado, promiscuamente, los caldos del leninismo de botellón; del nacionalismo de izquierda y los populismos plurales de la jungla ideológica iberoamericana; del fascismo rojo y del anarquismo porreta. Calentado el guisote electoral en el fuego del cabreo patrio brotado por la catástrofe económica traída como herencia de la gobernación del zapaterismo, cuyo único activo asumible ha sido la apuesta por el destierro social del tabaquismo.

Pero lo más notorio de los rastros mentales reseñados en el contexto hispánico, ha sido el dilatado acarreo – venezolano y cubano – del terrorismo etarra fugado hasta ese doble destino, dónde no sólo obtuvo asilo sino también expediente de integración en la burocracia chavista, además de cohabitación funcional en la operativa de las FARC colombianas durante los tiempos de más activa beligerancia armada (como monitores de la guerrilla) y de cooperación cierta en la logística interamericana para la exportación de la droga. Tráfico sobre el que el más insistido runrún asevera la existencia de complicidades en el régimen bolivariano. Capítulo sobre el que pivotó el golpe en Honduras contra el presidente Zelaya, por haberse querido inmovilizar en el cargo para consolidarse en la cadena de colaboraciones regionales de apoyo al narcotráfico.

No es difícil recordar el destacado y baldío papel desempeñado por Nicolás Maduro – ministro venezolano de Asuntos Exteriores de aquel entonces – en el esfuerzo regional del chavismo por reinstalar a Zelaya en el poder con la colaboración de la secretaría General de la OEA en aquel tiempo de 2009. Y también es fácil de retener en la mente el estofado de complicidades dispensadas por el régimen bolivariano con todas las actividades nacionalistas contra la unidad histórica y constitucional de España y, asimismo, con cualquiera propuesta de izquierdismo antisistema. Eso sí es injerencia es en las cuestiones internas de una nación. El “podedismo” resulta ser así un gazpacho explosivo para España. Chavismo y “podedismo” resultan, antes y después de la raya, más de lo mismo.