El negro tsunami del petróleo iraní

Sólo faltaba a la inestabilidad de las Bolsas, sacudidas por las tensiones políticas y sociales de corte convencional y las inestabilidades inherentes a los cambios de ciclo histórico y económico – dentro de la globalizada dinámica de toda suerte de procesos de cambio que envuelven el pulso de los mercados y los comportamientos de los grupos sociales -; sólo faltaba, digo, el añadido efecto tsunami, operante sobre el sostenido descenso de los precios del petróleo, que produce ahora la prevista incorporación al mercado del crudo iraní, por efecto del fin de las sanciones internacionales que impedían – además de otros efectos – su incorporación a las determinantes previas del proceso de caída en los precios del oro negro. Materia prima que tiene un día sí y otro también, para los países que lo exportan, más de negro y menos de oro…

Si una presumible estrategia de la mayoría crítica imperante en el seno de la OPEP ha sido el origen del violento ciclo bajista que afecta a la caída del precio del barril, para situarlo en niveles con los que no pueda competir, por razón de costes, el petróleo extraído vía fracking; de otro punto, el debilitado crecimiento económico en China, protagonista tan relevante en la economía mundial, viene a abundar en el mismo efecto bajista, toda vez que, por razón de escala, genera efectos colaterales, bajistas asimismo en los precios de las materias primas. Viniéndose a inferir de todo ello una onda descendente por cuya virtud el barril de crudo, en su descenso, ha rodado a saltos como no lo había hecho hasta principios de este milenio. A esta causa general, a este horizonte de depresión petrolera, viene a sumarse en el corto plazo la reincorporación a los mercados del decano de los petróleos de Asia.

Al aire del hecho de que este abaratamiento traumático del precio del petróleo nos favorezca a los españoles, resulta oportuno recordar de qué modo el brutal encarecimiento de su precio tras de la guerra árabe-israelí de 1973, provocó una onda económica internacional de signo inverso, de brutal subida del precio el barril. Aquello casi devoró en Occidente la dorada cosecha económica de los años 60, los del “baby boom”, y estuvo a punto de llevarse por delante el arranque de la Transición, salvada al cabo, en su base económico-social, por los Pactos de la Moncloa.

También es cierto – para lo nuestro y para lo de los demás – que el contexto económico- energético aquel muy poco tiene que ver con el de ahora, tanto por la entrada en liza de la energía de fisión, en respuesta internacional a la ensoberbecida primacía del petróleo, como por la incorporación de las energías renovables. Todo sea dicho con permiso de Nicolás Maduro que ha pasado sin solución de continuidad de creerse el rey del mambo a proclamar la “emergencia económica” (a despecho de la magnitud oceánica del petróleo yacente en la cuenca del Orinoco) y pasar por encima de la mayoría crítica que tienen en el Parlamento los adversarios del chavismo, vencedores por mayoría absoluta en las históricas elecciones del 6 de Diciembre.