Desde la involución a la situación de “alto riesgo”

Conforme pasan las horas del nuevo año, crece la escandalera por las agresiones poco menos que masivas, perpetradas contra mujeres en ciudades europeas por grupos de afroasiáticos – de confesión musulmana y etnias de árabes occidentales, en la mayoría de los casos, y de afganos y paquistaníes. Son acciones perpetradas, en su abrumadora mayoría, por individuos trasvasados a la Unión Europea en los masivos flujos migratorios originados primordialmente por la guerra civil siria y desde los choques armados en el noroeste de Iraq.

Pero incluye también esta migración compulsiva, gentes centrifugadas de sus espacios originales africanos y de otras ámbitos del Asia Menor, población traumáticamente centrifugada por la inestabilidad y violencias de todo género desde el África centro y nororiental además de la del Sahel, desestabilizada por las actuaciones del yihadismo nucleado en su día por la inextinta contienda civil líbica, que originó la dinámica de la llamada “Primavera Árabe”: una onda democratizadora nacida en Túnez. Único capítulo de aquella campaña en el que, al cabo, arraigó el empeño democratizador aquél. Aunque sigue soportando también sangrientos y espaciados episodios de terrorismo yihadista.

La complejidad de la situación creada en la Unión Europea por este sostenido episodio de migración masiva no sólo viene definida por las cuestiones derivadas de la articulación territorial de los espacios soberanos integrados en la UE – especialmente por lo que concierne a lo regulado en los Acuerdos de Schengen -, tan relevantes en lo que respecta a los movimientos de los migrantes, sino también los problemas derivados de la colisión cultural, agravada por la muy heterogénea y crítica composición de estas masas de refugiados.

Visto lo acaecido durante la Nochevieja europea tanto en Berlín como en otras grandes ciudades alemanas, como en Checoslovaquia y Suecia, la responsable de Política Exterior de la UE, Federica Mogherini no ha podido menos que calificar como “situación de alto riesgo”. El tema no acaba en el traspiés político que ha supuesto para la Canciller de Alemania el imprevisto desenlace de lo ocurrido en el ámbito de la Nochevieja, con reiteradas de denuncias de agresiones sexuales y centenares de otras por diferentes tipos de delitos. La cuestión es que este profuso y violento anecdotario de las Doce Campanadas cuestiona por los más de sus signos el paradigma moral y cultural al que se atuvo el Gobierno de Berlín para imponer su benévolo y generoso criterio de partida para acoger a los migrantes en fuga de sus ámbitos originarios de vida y arraigo.

Lo que ahora se impone es corregir y actuar en consecuencia. Con cuantas rectificaciones de todo orden sea menester, igual en términos policiales que políticos. La mayoría inmensa de los migrados merece posada. Lo mismo que los delincuentes merecen castigo. La exigencia política de ahora mismo es la de hacerlo con rapidez y precisión.