Horas críticas en la evolución del cambio político venezolano

La toma de posesión de sus escaños – tras de la victoria revolucionaria del 6 de Diciembre de la oposición democrática en Venezuela – que se oficiará dentro de la primera semana de 2016, llega precedida de la impugnación gubernamental de los resultados en seis de los distritos electorales del país. Un plazo breve en el que el presidente Nicolás Maduro es internamente presentado dentro de un estatus de rehén político, de supeditada relevancia operativa a la segunda magistratura de la Nación; es decir, la del Presidente de la Asamblea Nacional, el capitán Diosdado Cabello. Figura del régimen bolivariano que ya en los últimos días de Hugo Chávez aparecía, entre los observadores del régimen venezolano, como cualificado receptor de los poderes fácticos de más relevancia estratégica en el seno del ahora acosado sistema por el veredicto de las urnas.

Muy poco después de aquellos días, ya pautados por la contundencia del diagnóstico de los médicos, sobrevenía la designación de Nicolás Maduro como sucesor de Chávez en la jefatura del Estado, lo que validarían después las urnas, aunque en términos bien polémicos y desenlace muy discutido. El pronóstico sobre Diosdado Cabello se cumplió de cabo a rabo. Asimismo, en lo concerniente a Maduro, cupo también validar la reacción crítica que supuso su nombramiento como mascarón de proa para el régimen chavista.

Hasta dónde tenga que ver el retraimiento público de Nicolás Maduro con la detención por la DEA norteamericana de unos sobrinos de su mujer, Cilia Flores, la “Primera Combatiente”, con un alijo de 900 kilos de cocaína, es cosa enteramente verosímil. Y en todo caso ilustra sobre la imbricación del narcotráfico con los soportes económicos de fuerzas institucionalmente vertebradas con los poderes fácticos, reales, del sistema bolivariano

Cuanto cupo decir del caso Zelaya, de la historia sobre la destitución de aquel presidente hondureño por quererse perpetuar en el poder a través de una reforma constitucional improcedente, se dijo entonces y cabe recordar ahora, tuvo que verlo todo con el intento de preservar la integridad de los apoyos territoriales de Honduras a las rutas de la cocaína procesada en la narco-industria colombiana de las Farc. Y sobre este particular es de recordar también que toda la escandalera regional que se montó contra la destitución de Zelaya, fue orquestada por Nicolás Maduro, a la sazón ministro de Asuntos Exteriores en el Gobierno de Hugo Chávez.