Reconquista de Ramadi, ¿declive económico-militar del EI?

La caída de Ramadi, capital de la provincia iraquí de Al Anbar, que se encontraba en manos de las huestes el “Estado Islámico” desde el pasado mes de mayo, señala un cambio cualitativo en el curso de la contienda político-militar, y de plenaria expresión yihadista, resuelta en dos frentes de actuación y diferenciado propósito: el iraquí, dónde reproduce la enemiga histórica de los suníes contra los chiíes, y el sirio, que en cierta manera es más de lo mismo, pues combate al régimen de los Assad, representantes de la minoría chií de los alauíes en un ámbito nacional de significación religiosa -mayoritaria- suní y con minorías religiosas diversas, entre ellas cristianos de honda raigambre histórica.

La conquista de Ramadi por el Ejército del actual Irak, con el apoyo de la coalición militar de las potencias occidentales y la importante asistencia de mandos militares de la República Islámica de Irán, abre nuevas perspectivas bélicas dentro del escenario iraquí, especialmente en lo que respecta al destino de Mosul. Ahider al Abadi, el jefe del Gobierno de Bagdad, anticipaba hace unos días que la prevista caída de Ramadi daría paso a la liberación de Mosul “gracias a la cooperación y unidad de todos los iraquíes”.

Extremo este del todo cierto por cuanto entre los efectivos enrolados en la actual campaña militar en el noroeste de Irak figura uno, bien significativo”, de combatientes suníes, que en los inicios de la campaña oscilaban entre la adhesión al Daesh o “Estado Islámico” y la pasividad ante lo que éste representaba, pues su instalación sentimental era la del agravio por la derrota del nacionalismo árabe que supuso la destrucción bélica del régimen de Sadam.

La factibilidad a muy corto plazo de la reconquista de Mosul (la ciudad kurda en la que apareció el primer caudal significativo de petróleo en el inicio de los años 30 del pasado siglo, que detonó la aparición de Irak como Estado en la vieja Mesopotamia y frustró que el Kurdistán lo tuviera, tal como lo había acordado la Conferencia de Paz, en París, al cabo de la Primera Guerra Mundial), aparte de lo que habrá de significar en lo estrictamente militar, supondrá la pérdida por el EI, la privación, de los cuantiosos ingresos que obtiene de los histórico yacimientos petrolíferos de la zona; ingresos con los que financia principalmente su actividad regional e internacional, asistida de otros sustanciosos ingresos, como las donaciones que percibe de las fortunas del Golfo del Petróleo.

La reconquista de Ramadi es, cabe entender, la puerta de un cambio de gran significación para la nueva plaga del aparentemente inacabable terrorismo islamista.