Tras de Siria, Iraq en la campaña de Ramadi

Dentro de la unidad de proceso a que corresponden -por unidad de causa, que no es otra, en lo primordial, que el morrocotudo problema del llamado “Estado Islámico” – comienza por Iraq, en la campaña de Ramadi (capital de la provincia noroccidental de Al Anbar) lo que parece un capítulo nuevo, dentro del Oriente Próximo, de ese nuevo yihadismo, de proliferación más extensa y profusa en sus proyecciones de lo que nunca llegó a ser de la Al Qaeda. Aunque sin esta primera marca no sería posible explicar qué es lo que el iraquí Al Bagdadi y sus colaboradores y compatriotas han conseguido montar, desde la Mesopotamia y el Estado que resiste en Damasco una metástasis terrorista, extendida ya por amplias zonas de África: desde Libia y Túnez, por la orilla mediterránea, Somalia y Kenya, en la ribera índica, y a lo largo del Sahel, hasta la costa occidental del continente negro, desde Mali y Niger hasta los adentros de Nigeria.

Y en lo que respecta al Mediterráneo europeo, desde Grecia y por los Balcanes, con la presión migratoria detonada por la guerra civil en Siria, propicia y siembra para el corto y medio plazo tumoraciones terroristas de base islámica en el ámbito de la Unión Europea – como han augurado los recientes y graves episodios en París, y como lo hicieron antes los ataques islamistas en julio de 2005 en Londres. Y antes aun, por España, en el 11 de Marzo de 2004, con los atentados en los trenes de cercanías que nunca llegaron a la estación de Atocha.

Quiere decir todo esto que el terrorismo islamista de nueva cepa ya sigue un proceso distinto al de los escenarios afroasiáticos, al punto de que saltó el Atlántico y presenta brotaciones como la californiana de San Bernardino de hace pocas semanas, con actores de pasaporte norteamericano y genes de origen saudí y paquistaní, y otra ocurrida en Boston, años atrás contra una carrera popular, a manos de dos estadounidenses de origen checheno.
La progresiva conciencia colectiva en Occidente de que nada de cuanto concierne al terrorismo islámico puede sernos indiferente, está en la base de la creciente identificación política y militar con las campañas que en estas horas se desarrollan en el ámbito sirio-iraquí contra el Estado Islámico. Y es el recrecido peso de esa concienciación lo que explica que hasta la propia Federación Rusa aparezca integrada en tales actuaciones militares, más allá de la rentabilidad geopolítica que puede tener y tiene ello. Así, junto sus bombardeos a las posiciones del EI en Siria suma al paso, como se sabe, castigos de la misma condición a otros antagonistas de Al Asad.

Pero esta ofensiva sobre Ramadi, en la que no participan efectivos iraníes como en otros episodios, tiene cobertura aérea norteamericana, contra la que el EI se viene a proteger de los bombardeos inmovilizando a la población en el centro de la ciudad, utilizándola como escudo humano. Cabe entender que en Ramadi ha comenzado un ciclo nuevo, contra la base territorial del último terrorismo de retórica islamista.