Un fraude de ley como golpe de estado en Venezuela

Nicolás Maduro, derrotado presidente de Venezuela en las elecciones generales del pasado día 6, intenta hacerse con otro Parlamento: una Cámara Comunal, a lo que me referí en mi penúltimo comentario en este espacio. A la pérdida de la capacidad legisladora del régimen tras la mayoría crítica lograda por la Oposición – explícitamente reconocida por Maduro – ha reaccionado la vieja guardia del chavismo, representada en este caso por Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, sacándose de la manga este último martes el naipe de una institución políticamente inexistente: el Parlamento Comunal. Una pieza fantasmagórica, formando paquete documental con otras cuatro normas “comunales”, equivalentes y constitutivas en la práctica de un proyecto de Estado Comunal, extraviado en la letra muerta de un Estado del mismo nombre, diseñado en 2010 por el difunto Hugo Chávez, y perdido en la memoria de la comunidad nacional venezolana.

De todo aquello no existe eco alguno en la actual Constitución del país, pese a las modificaciones de que ha sido objeto a lo largo de los años transcurridos desde entonces, entre las que destaca la ampliación de los mandatos presidenciales, con su eco en términos de paradigma dentro de la comunidad bolivariana, nutrida ideológicamente con el populismo levógiro y cementada económicamente con el denso petróleo de la cuenca del Orinoco.

El despertar de aquello que Hugo Chávez ensoñó como tantas otras cosas que se han ido amortizando por la realidad política, social y económica, ha tenido como causa lo masivo y radical de la derrota sufrida por el chavismo en las urnas de este 6 de Diciembre: todo un hito en la crónica contemporánea de las Américas. Un suceso legal de condición y fuste revolucionarios; tanto que, conforme a derecho, ha roto por su base la posibilidad de que al Gobierno del presidente Maduro no lo quede otra opción, legal y legítima, que la de entregar el poder a los legítimos vencedores de la Mesa de Unidad Democrática.

La reacción del derrotado Gobierno de Maduro no se compadece con ningún registro de las democracias libres. Ni con nada que pueda remedar un supuesto “socialismo del siglo XXI”. Es anarco-sovietismo del arranque del siglo XX, como ilustra la afirmación de Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional de que “Ahora tendremos un Parlamento al servicio de la burguesía. Por parte de la derecha no vamos a escuchar nada que sea para favorecer al pueblo”. Será posible, visto el desabastecimiento, la inseguridad de la calle, la inflación infinita, la tentación irreprimible de resucitar el régimen chavista que se ha muerto. Rematado finalmente, apuntillado, por los votos.

Dispongámonos a ver qué reconocen y dicen las Fuerzas Armadas. El último atentado que restaba perpetrar al chavismo quiere ser, a lo que se ve, contra la inteligencia y contra la paciencia del pueblo venezolano. Sólo faltaba un fraude de ley como golpe de Estado.