Coalición islámica antiterrorista

Mientras la alarma escolar en Los Ángeles - sobre la que en principio no hay mayores detalles sobre la razón puntual que la ha motivado - parece incluir como detonante y referente causal la reciente matanza en la localidad californiana de San Bernardino, el anuncio en Riad de una coalición islámica contra el terrorismo, en la que participan los Gobiernos de 34 países de Asia, África y Oceanía, todos ellos pertenecientes a la mayoritaria adscripción suní (es decir, sin ninguno del ámbito de los chiíes, cuya capitanía política corresponde a la República Islámica de Irán); en tanto que John Kerry, el secretario de Estado en la Administración del presidente Obama, viaja a Moscú para entrevistarse con Serguei Lavrov, su homólogo en el Gobierno ruso de Vladimir Putin, para acordar estrategias conjuntas contra el yihadismo, avanza a paso de carga en la UE, la concertación para disponer a plazo inmediato una europolicía de fronteras integrada en un mando tan específicamente único que implique, incluso, concretas cesiones de soberanía respecto de este menester, que aspira a blindar y filtrar - para la seguridad del conjunto comunitario - los tráficos informativos y los movimientos de personas relacionados con el emergido terrorismo yihadista.

Este conjunto de respuestas a las penetraciones y crímenes del activismo terrorista en tan diversos ámbitos geográficos, expresa la emergida conciencia de que el yihadismo alcanza poco menos que una dimensión global, puesto que se patentiza con sus actuaciones en los más diversos escenarios nacionales de uno u otro Continente. Pero esto, que es tan obvio como necesario, se establece sobre unos concretos criterios de actuación que, a lo que se presume, no habían sido tenidos en cuenta hasta ahora.

Me refiero a la enorme oportunidad que supone, frente a otras perspectivas consideradas hasta aquí, el hecho de que el problema del yihadismo se venga a encarar, por fin, desde el propio ámbito del islamismo suní resuelto en poder estatal, tal como supone la iniciativa que ha llevado al Gobierno de Arabia a promover la coalición islámica antiterrorista.

La perversión terrorista que representa el autodenominado Estado Islámico es tanto un problema para el mundo como, en primer lugar, un cáncer para esa mayoritaria fracción del orbe coránico que es la representada por el sunismo. Pero esta acción contra el EI que instrumenta ahora El Reino de Arabia por vía de una coalición islámica estribada sólo en Gobiernos suníes, tanto podría resultar, tal como se pretende, una instrumentación eficaz contra la herejía terrorista del Daesh como en una fuente de conflicto dentro del mundo musulmán por causa de una previsible reacción negativa de la República Islámica del Golfo, que es el epicentro musulmán del chiísmo.