Vientos de fronda en el adiós al chavismo

Lo que pareció limpia ruptura, nítida solución de continuidad tras de las últimas urnas en el proceso venezolano más reciente, amaga con trastocarse en fractura astillada, y abierta a lo peor. Las señales son más que inquietantes. Aparte del regreso de Nicolás Maduro a sus tronantes maneras de siempre - después de haberse abierto de capa con los buenos modales democráticos - para saludar el triunfo de la Oposición, el viento cambió de súbito: Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, su segundo en la jerarquía del régimen, entrega la TV pública a los empleados, para su más acabado control informativo del desarrollo Congreso extraordinario del PSUV, reunido de urgencia, y de seguido nombra 12 magistrados del Tribunal Supremo. Y de consuno, los dos presidentes, el de la República y el de la Asamblea Nacional, nombran Defensora del Pueblo a la magistrada Barreiro, encargada de firmar la sentencia de casi 14 años al dirigente opositor Leopoldo López.

Un duro aperitivo para el retrocambio. Nicolás Maduro anuncia el recurso a la llamada Ley Orgánica del Poder Popular, aprobada en 2010 como base normativa de una “Asamblea del Poder Popular”, concebida, en lo operativo/represivo, puro remedo de las “Comunas” cubanas del castrismo, y sobrepuesta a la estructura parlamentaria nacional, democrática y renovada en dos de sus tercios por las elecciones del pasado día 6.

Es iniciativa que, según venezolanos radicados en Madrid, contaría en principio con el apoyo de cierta parte del Ejército supuestamente asignada a la represión de protestas callejeras, si resultaran insuficientes los comuneros recursos de orden. Se trata de patrullas que en el tiempo reciente han oficiado como brigadillas de presión/disuasión. Efectivos más manejables y eficaces que los milicianos chavistas como tropa urbana del régimen.

De no mediar una segunda presión militar - como la supuestamente atribuida sobre Nicolás Maduro durante las horas del escrutinio, capaz de frenar toda dinámica de resistencia del Gobierno al veredicto político de las urnas - habría que entender que estos referidos giros y volantazos a contracorriente de las urnas, serían algo más que sólo barruntos del comienzo de un golpe de Estado desde el Estado mismo; cosa, por otra parte, que al que fue conductor de autobuses, formado ideológicamente en los Talleres Revolucionarios de La Habana, no le debe causar empacho alguno. El tranquillo populista del combate contra las “políticas neoliberales” lleva a la recuperación y el rescate de toda suerte de políticas totalitarias. En el presente caso de Nicolás Maduro, resulta de plena coherencia con su currículum “académico” en los astilleros ideológicos cubanos.