El destino de cinco escaños mide la derrota chavista

La situación de hecho en Venezuela, el marco fáctico en que se conciertan los factores políticos luego de las urnas del domingo - con el emergido poder de la oposición al Gobierno de Nicolás Maduro y al régimen bolivariano que representa -, tiene estribado su destino en la suerte de quienes sean los destinatarios de los cinco escaños que restaban aun por atribuir en el mediodía de ayer : si la aglutinada Oposición que representa la MUD (Mesa de Unidad democrática), o el derrotado oficialismo chavista. Todo lo señalado sin contar la función arbitral asumida por las Fuerzas Armadas; función arbitral e independiente, asumida por el ministro de Defensa, general Vladimiro Padrino. Figura que, según medios venezolanos radicados en España, habría  disuadido a Maduro de que intentara demorar más de lo debido la afloración suficiente del escrutinio electoral.

Caso de que los dichos escaños fueran sumados a los 107 que ya le habían sido reconocidos a la MUD, tal mayoría de 112 diputados bastaría no sólo para derrotar al Gobierno actual del presidente Nicolás Maduro, sino también para derrocar el régimen o sistema chavista mediante la derogación de las leyes orgánicas, de relevancia constitucional, que lo estructuran. Entre ellas, las que regulan la relación entre los Poderes del Estado (de independencia o de subordinación), incluida la que corresponde, por vía de referéndum, al titular de la República (actualmente Nicolás Maduro) y al número de sus mandatos.

Es de notar lo que representa el aún vigente modelo político-constitucional venezolano dentro de la fracción  regional iberoamericana que orbita ideológicamente en torno al modelo ideológico creado por Hugo Chávez, conforme las pautas de un populismo de izquierdas pautado en lo esencial conforme las aportaciones de la Cuba del castrismo, antes del relevo de Fidel y, por supuesto, muy previamente a toda hipótesis de cambio en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos…

La ampliación constitucional del número de mandatos presidenciales ha sido en los últimos años la sostenida pauta de Bolivia, Ecuador, Nicaragua, y casi llegó a serlo también de Honduras , durante el interrumpido mandato del presidente Zelaya, por el intento de éste en hacer lo propio con la Constitución de su país luego de sintonizar con el populismo bolivariano para - según fiables versiones - engranar el espacio hondureño en la geografía de enlace entre la Colombia de las FARC y sus factorías de cocaína, con las rutas de la droga y los mercados norteamericano y europeo.

Pero a lo que íbamos. Mientras se dilucida el muy relevante extremo de la asignación de los cinco escaños restantes tras las elecciones venezolanas del domingo - bajo la tensa y atenta mirada de las FFAA - conviene reparar en la necesidad de que el vuelco electoral, entre otras razones de principio, no se resuelva, dentro de la vida civil, en términos de revancha, ante el peso de los 17 largos años que el chavismo ha permanecido en el poder, con todo lo mucho que el estancamiento político y los subsiguientes abusos dejan tras de sí como precipitado de rencores y apetito de venganzas.

Por si algo faltara, en términos de riesgos y peligros nacionales, ahí está el peso formidable de la ruinosa y sostenida coyuntura económica nacional derivada del desplome del barril de petróleo, que representa el 95 por ciento de las exportaciones y que supone, hasta la fecha, una pérdida del 80 por ciento del Producto Interior Bruto en el curso de los últimos 18 meses. Añádase asimismo el estrés social, en los estratos nacionales más modestos, causado por el desabastecimiento y por la brutalidad de una inflación, que el Fondo Monetario Internacional estima que alcanza el 200 por ciento.

En resumen, mientras sobreviene la asignación de los cinco escaños que faltan - llave para que se lleve a referéndum una ley que aparte del Poder a Nicolás Maduro - el sobrevenido rol arbitral de las Fuerzas Armadas, con el general Vladimiro Padrino a la cabeza, estaría anticipando, por aparente vía de hecho, la caída del régimen bolivariano. Nada que tuviera algo que ver, aunque lo pareciera, con un golpe de Estado. Lo salido de las urnas del domingo ha sido tanto como una explosión de institucionalidad alternativa dentro de la legalidad constitucional.