Maduro se aferra a la inercia de 17 años de régimen

Mientras la MUD (Mesa de Unidad Democrática)), por boca de Henrique Capriles, derrotado candidato de la Oposición al chavismo hace cuatro años, hace declaraciones en las que se da paso a un estado de alarma democrática tras de la victoria electoral del domingo, horas después de que el boca a boca extendiera la noticia de que el triunfo alcanzaba los 122 escaños – un desenlace que certificaría la muerte del sistema chavista, pues la nueva mayoría parlamentaria quedaría facultada para aprobar las Leyes Orgánicas necesarias para cambiar la institucionalidad que sostiene el régimen bolivariano – el presidente Nicolás Maduro omite toda referencia de aceptación y reconocimiento de la nueva dinámica política establecida con la riada de votos habida en este histórico domingo del 6 de Diciembre.

Antes bien, lo poco que dice corresponde a un inquietante discurso de voluntad política de permanencia legitimada por el peso de los 17 años de populismo chavista. Lo que al cabo habría que asumirlo como el origen sistémico de las plagas que han arruinado el emporio venezolano, la seguridad jurídica y la seguridad ciudadana.
Pero no son estas evidencias, en términos de oportunidad, lo que más específica atención merece en estos momentos. Y sí, en cambio, cual es la situación de fondo y de fuerzas desplegadas ahora mismo sobre el tablero. Por ejemplo, cuales sean ahora mismo las capacidades de las Fuerzas Armadas como garantes del Estado de Derecho y qué funciones pueda tener reservadas Nicolás Maduro en la presente coyuntura a los 100.000 componentes de las milicias chavistas, equipadas con otros tantos miles de fusiles de asalto comprados a Rusia por el último Gobierno de Hugo Chávez.

Se ignora de momento cuál ha podido ser la continuidad de la posición tomada por el general Vladimiro Sobrino, ministro de Defensa, cuando, al parecer, pesó tan sabidamente en la primera aceptación, por parte del presidente Maduro, de los resultados electorales que sobre el papel deben cambiar el rumbo de esa república hispánica. Traducir a la realidad venezolana la magnitud de ese cambio político definido y pautado por los votos, es tarea intrínsecamente compleja y de una dificultad derivada de las diversidades políticas concertadas en la MUD. Por eso resultaría tan peligroso que desde la jefatura del Estado se incurriera en morosidades que complicarían la salida de la situación. Especialmente si no se articula a contrarreloj un mensaje de garantías desde las FF.AA.