Cambio climático y reyerta energética

El fracaso de la política ambiental codificada en el Protocolo de Kyoto, sostenido en expectativas parangonables con las que envuelven ahora la Cumbre del Clima abierta en París sobre la premisa mayor del C-o2 -como causante del llamado “efecto invernadero”, que se resuelve en motor del sobrecalentamiento de la Tierra – no tiene visos de ser, ahora como entonces, debidamente advertido. Y quizá resulte así por causa de que el tal calentamiento llega envuelto en la reyerta energética: en la polémica del ecologismo militante respecto de las energías de sustitución del petróleo tras del encarecimiento brutal de éste por efecto de la Guerra del Ramadán, en el otoño de 1973, cuando la OPEP, dominada por los exportadores árabes de crudo, restringió su oferta, como sanción al Occidente protector de Israel. Una peripecia que canceló el ciclo expansivo que venía de la década de los 60 y que, en sus consecuencias, pudo echar a pique la base económica de nuestra Transición política; salvado al cabo su despegue con los Pactos de la Moncloa.

A la propuesta de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) de que la salida al brutal encarecimiento del petróleo no era de inmediato otra que la energía de fisión, las centrales nucleares, salió al paso la URSS, para preservar la ventaja estratégica que le había sobrevenido por sus propios recursos de hidrocarburos.

A estos efectos instrumentó la URSS el incipiente ecologismo contra la alternativa nuclear. Se habían concertado de tal manera las condiciones para una reyerta ideológica de las alternativas energéticas de la que sacar provecho frente al mundo capitalista, carente éste de una autonomía de recursos como la que era y es propia, todavía, del mundo que fue soviético y ahora de la mano de Putin ejerce una apuesta de reconstitución geopolítica en el aparellaje imperial de antaño.

Y así el consumo de energías fósiles se traduce en una carga y un coste ecológicos de primera magnitud instalados de lleno en el debate sobre el clima y sobre el medio ambiente; haciéndolo, además, de modo sostenidamente confuso: la contaminación del medio es obviamente evitable por el hombre con el recurso de las energías renovables, pero el clima ambiental, tanto en lo que corresponde al termómetro como en lo concerniente a lo sanitario, responde a lo que está al margen de las capacidades y comportamientos humanos: desde los volcanes a las manchas solares como fuentes determinantes de la superficie de los hielos, fundiéndolos y acumulándolos, lo mismo que respecto al descenso y el ascenso del nivel de los mares.

Esta “cumbre del clima” habría de ser la ocasión ideal para que la opinión de las gentes dispusiera de una pedagogía sobre el clima y el medio ambiente, que le orientase en su conducta individual y en sus comportamientos colectivos.