Semana crítica para Venezuela

Factores de contexto de diversa repercusión, como la implosión económica en que está sumida Venezuela desde antes que sobreviniera la caída de los precios del petróleo; la alarmada movilización de numerosos dignatarios de la política iberoamericana; el despertar de la conciencia de la OEA,(Organización de Estados Americanos) desde el cambio en la Secretaria General, con el final del mirar a otra parte que la identificó durante el mandato del chileno José Miguel Insulza, coincidente en la práctica con el advenimiento del chavismo; la iniciada normalización política en las relaciones entre Washington y La Habana; la caída del kitchnerismo argentino, con su impacto en la dinámica regional de UNASUR sobre la que ya pesa la crisis política brasileña, en lo que concierne a la influencia de la presidenta Roussef y a la que sobre Brasil significará el propio cambio argentino. Un dúo decisorio en los equilibrios internos de esta organización regional en la que participan, además de Venezuela, Brasil y Argentina, Uruguay y Paraguay.

Y junto a estos factores contextuales entres los que el chavismo operó con holgura y larguezas – proporcionales a las disponibilidades dinerarias procedentes del petróleo caro -, son de significación determinante los hechos que definen la propia actuación del régimen chavista durante el mandato presidencial de Nicolás Maduro. La supervivencia del régimen, que afloró de forma patente desde el momento en que se tuvo la certeza clínica de que los días de Hugo Chávez acababan a la vuelta de la esquina, llevó, en el seno del aparato del poder, a reacciones del mismo corte que las propias de estos días, en las que el presidente Maduro deja más que entrever la convicción y el temor insuperable de que las urnas del día 6 traerán el fin de su poder y el de los suyos. El fin de la “revolución”.

Y ante ello, como la “revolución” en Venezuela prevalece sobre la democracia, desde el Gobierno madurista ya se habla de salidas “cívico-militares” para preservarla pase lo que pase y diga lo que digan las urnas. El cambio, de ciento ochenta grados en la actual actitud de la OEA, es de importancia determinante ante las elecciones del próximo día 6. Luis Almagro, su nuevo Secretario General ha remitido un largo memorándum sobre la falta de garantías electorales a la jefa del CNE (Consejo Nacional Electoral). La respuesta del poder gobernante ha sido una pieza de museo en los anales de la diplomacia internacional. “Almagro – ha dicho Maduro- es una basura, con perdón de la basura”.

Ante la hipótesis de una derrota electoral, Nicolás Maduro añade: “no entregaremos la revolución y gobernaremos con el pueblo en unión cívico-militar”, para afirmar de seguido: “si fracasara la revolución habrá una masacre”. No es propiamente la masacre haya comenzado, pero si es prueba indiciaria de que existe la cualificada probabilidad de que pueda hacerlo el asesinato del secretario local del Partido de Acción Democrática Luís Manuel Díaz en Altagracia de Orituco, al cabo de un mitin electoral en el que había intervenido Lilian Tintori, esposa del encarcelado Leopoldo López, que a su vez sufrió violencia y acoso, en horas próximas al suceso, en el avión en que había viajado a Isla Margarita. Hechos ambos atribuidos a bandas armadas movidas desde el Gobierno.

Habrá que entender necesariamente que desde esta base de condiciones objetivas y violencias probadas, las horas y días que restan de la campaña electoral discurrirán conforme una gráfica de violencia cada vez más intensa y generalizada dentro de la ya comenzada semana crítica en Venezuela.