Réplica rusa en Siria con despliegue de misiles MS-400

La afirmación del piloto ruso rescatado de que no recibieron previo aviso alguno antes de que su avión fuera derribado por los turcos, añade confusión sobre las condiciones en que se sustanció el grave incidente bélico que ha sacudido muy sensiblemente las relaciones entre Moscú y Ankara, hasta el punto que el presidente Erdogan, luego de que su Gobierno dijera que Turquía no renuncia a defensa y a la de sus hermanos (entiéndase los turcomanos establecidos en la zona de Bayirbucak, área bombardeada por la aviación rusa donde se encuentran yihadistas alqaedanos de Al Nusra y efectivos de la minoría musulmana china, además de eventuales combatientes chechenos), se ha dirigido telefónicamente a la Casa Blanca para que Barack Obama “intercediera” cerca de Vladimir Putin.

Acaso como puntual respuesta, a la “mediación” norteamericana, Rusia ha declarado que no habrá respuesta militar(¿sólo por ahora?), aunque haya ordenado un despliegue de misiles M-400 en la base siria de Hmeimin, próxima a la base naval propia junto a Latakia y geográficamente casi paredaña, por tanto, con la frontera turca. Este anuncio de la instalación de tales misiles tiene obvias consecuencias sistémicas para el ajedrez armamentístico de la OTAN, en el que está encajada Turquía.

Para más todavía enredar estratégica y geopolíticamente el problema del autollamado Estado Islámico y frente al cual intenta Francia coaligar la cooperación internacional – en la que intenta involucrar la acción de Rusia, en lo político y lo militar -, sobreviene ahora el cruce del problema ucranio, al cerrar el Gobierno de Kiev su espacio aéreo a la aviación comercial rusa, en sus legítimas represalias por la anexión de Crimea y la injerencia rusa en la estructura política de sus territorios orientales. Un problema que, al cabo, se añade a las reticencias norteamericanas frente a los términos de una colaboración rusa en la represión internacional del yihadismo, en la medida de que ello pudiera llevar a la deslegitimación de las sanciones económicas impuestas a la Federación Rusa por sus injerencias y trapacerías de toda laya contra la integridad territorial y la independencia de Ucrania.

Entre tanto, mientras los coaligados y los coaligables no avanzan en su empeño de combatir al EI por estar sumidos en discusiones que resultan, como se ve, algo más que un debate sobre si son galgos o podencos, el EI certificaba ayer que el atentado del martes en Túnez contra los mandos de la seguridad nacional fue ejecutado por un suicida agente suyo, cuyos familiares – como los de otros tantos kamicaces – probablemente habrán recibido dotación bastante para resolverles la vida. Pues de recursos para tales menesteres dispone sobradamente el Imperio Yihadista al cabo de su estraperlo internacional con el petróleo confiscado a iraquíes y sirios, en que colabora, según Moscú, el islamismo gobernante en Ankara. Junto a ello, que no es poco, la estructura terrorista, se nutre también de los secretos óbolos librados desde la financiación oscura de alguna petro-monarquía del Golfo.