Macri, ¿hacia un cambio nacional y regional?

Dos trazos prevalecen sobre el inmediato futuro argentino tras la proclamación de Mauricio Macri como vencedor en las urnas presidenciales argentinas al cabo de la segunda vuelta electoral. Uno, la novedad de un resultado al margen del variopinto peronismo y del radicalismo; otro, el de la presencia en primer plano de la escena de Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, el dirigente de la oposición venezolana al chavismo, detenido, encarcelado y condenado, al cabo de una ficción procesal – de la que han abjurado el fiscal y la juez -, a una pena de 163 meses de cárcel.

Escandaloso asunto que ha venido precedido, durante el Gobierno de Nicolás Maduro y antes de éste, por los Gabinetes de Hugo Chávez, por la enemiga contra la libertad de expresión y por la persecución de las empresas periodísticas significadas por sus críticas a la llamada “revolución bolivariana”: fuente nutricia durante largos años , mediante el petróleo de la cuenca del Orinoco, de la dictadura comunista cubana y de la entera floración del populismo iberoamericano, desde Ecuador, Bolivia, Nicaragua y menesterosos de menor cuantía, hasta reductos ministeriales (conforme entregas probadas) en la Argentina del kichtneriana.

Dispendios éstos que han formado la base y la masa crítica del desplome económico, social y político de Venezuela; cuentas todas en las que poco o nada significan las becas y asistencias al populismo de exportación arribadas a las playas de la política española, además de otros flujos y viáticos dinerarios para el cobijo de etarras, como virtuales y heredados acólitos de Simón Bolívar.

Está el elegido nuevo presidente de Argentina por la labor de llevar el escándalo del opositor Leopoldo López hasta Mercosur para que, por vía de suspensión de pertenencia, se le ajusten las cuentas a la escandalosa dictadura totalitaria de hecho en que el indocumentado Nicolás Maduro ha plenamente convertido el régimen del coronel Chávez. Un sistema tan profusamente manoseado e intervenido por la asistencia plenaria del castrismo en todos los espacios críticos de la maquinaria estatal venezolana. Dentro de UNASUR (Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay), el chavismo contó con el apoyo de Brasil y dispuso de la inanidad de la Argentina kirchnerista a tales efectos del exigible respeto democrático de los derechos humanos por parte de Caracas, las cosas han cambiado ya con el cambio presidencial argentino y con la crisis política brasileña. A las próximas elecciones venezolanas del 6 de diciembre, en sus previsibles amaños y manipulaciones, le sobrevendrán contextos interamericanos bien distintos a los habidos hasta ahora; muy especialmente, tanto por lo que previsiblemente haga la Argentina de Mauricio Macri como por lo que -en principio- no podrá hacer el Brasil de la presidenta Rousseff.
Al presidente Maduro, tras del escándalo del encarcelamiento de Leopoldo López, además de la historia de sus sobrinos traficantes de cocaína cazados por la DEA estadounidense, y ahora con el cambio político argentino del presidente Macri – respecto del escenario de MERCOSUR -; a Nicolás Maduro, digo, le crecen sin parar los enanos.

Pero más allá del caso venezolano, dónde podría sobrevenir un deseable cambio para todos, especialmente para las mayorías populares del país, la nueva presidencia argentina se prefigura como fuente de otras dinámicas, tanto para ordenar en términos de mayor orden la política y la economía nacional como en lo que respecta al conjunto del hemisferio hispánico. De modo especial en lo que respecta al pendiente Acuerdo – desde 16 años atrás – de Libre Comercio con la Unión Europea. Urgido y potenciado ahora, en importante medida, por todo cuanto supondrá el nuevo conjunto económico, en puertas ya, de la cuenca global del Pacífico.