Daesh y Al Qaeda, terrorismo yihadista confederado

De un viernes a otro, el primero en París y el segundo en Bamako, capital de Mali, ex colonia francesa, la presión del terrorismo yihadista ha mantenido en vilo la atención y centrado el interés de las naciones europeas y de los públicos africanos. Las muertes colectivas de gran formato en los ámbitos civiles de uno y otro espacio del hemisferio occidental al norte y al sur de Gibraltar, en el breve plazo de una semana; cerrándose el tenso compás con dos pulsiones de gran alerta y prevención: de avance puntual por el espectáculo planetario, vía TV, del Madrid –Barcelona, y de alarma antiterrorista genérica, en Bruselas, desglosada en su motivación policial por las profundas ligazones de la capital de los belgas con los últimos atentados de París, tanto en el orden de la logística del terrorismo yihadista, como por el alarmante y relevante dato de la gran cantera de fanáticos descerebrados situada en ésa ciudad, que es sede del Gobierno de la Unión Europea y de la propia Alianza Atlántica.

Todo ello y la detección de la presencia en la ciudad de dos terroristas del Daesh, de muy precisa peligrosidad, abundaba en la lógica del enorme despliegue policial y militar en Bruselas durante el último fin de semana. Pero si la palanca de este yihadismo ocupaba el protagonismo de la barbarie de referencia coránica en Europa, era en Bamako, la capital de una excolonia africana en el Sahel – la franja intermedia entre la savana y la arena del Sahara – dónde el confederado yihadismo de “Al Mourabitu” asaltaba un hotel de cinco estrellas frecuentado por clientela internacional y daba muerte a 19 personas, entre las que se encuentran africanos, europeos y orientales.

Esta facción terrorista no es una franquicia más de Al Qaeda, sí, en cambio grupo creado por Mostar Belmojtar, antiguo combatiente de la guerrilla islámica que luchó en Afganistán, contra la ocupación soviética, junto a Osama Ben Laden. Ello, por lo que se ve, cimentó su conciencia de autonomía organizativa e independencia política respecto a la estructura creada por este personaje ejecutado por Estados Unidos. De ahí que la relación de “Al Mourabitu” con Al Qaeda deba entenderse como una suerte de nexo “confederal”, aunque repitiera a hora, en Bamako, la liturgia de sus cofrades somalíes de Al Shabab – obedientes a Al Qaeda- de perdonar a los rehenes que pudieran recitar un versículo del Corán.

Por si algo faltara a la panorámica terrorista en África Occidental, Camerún ha sido incorporado a la nómina de los victimados.