El multiculturalismo como riesgo y problema

A propósito del acoso creciente del yihadismo en su ampliado frente dentro de las sociedades occidentales, estalla -nunca mejor dicho- la polémica de hasta dónde cabe el seguir aceptando sin más reconsideraciones el estatus socio-cultural de las comunidades islámicas asentadas en las parcelas nacionales de Europa. El problema sólo empieza cuando en estas comunidades sobreviene la quiebra generacional dentro de las familias que las componen, cuando los hijos disienten de las claves de aceptación social de sus padres respecto del país de acogida, por las obvias mejores condiciones materiales de vida que éste ha supuesto para el conjunto familiar. Ahí y en ello se abre la grieta y salta la chispa del descontento, especialmente en tiempos de agitación por causa de las tensiones generadas en cuadros de crisis económica.

Si añadidamente, como en la actualidad, llegan desde sus tierras de origen las ondas del conflicto político y de los choques militares – ondas cargadas de demandas de adhesión a la causa del yihadismo- , se sientan las condiciones para que se desestabilice generacionalmente el equilibrio interno de esas familias y de las respectivas comunidades musulmanas. La fractura generacional en el seno de la misma repercute, antes o después, contra el balance global de alguna de tales comunidades.

No son infrecuentes, en la segunda generación de tales emigrantes ya radicados en cada nación europea de las que pudieran tener un pasado colonial en África o Asia menor, los casos de juvenil delincuencia común o delincuencia yihadista, repetidamente mezcladas una y otra, tal como reflejan las informaciones de estos días las fichas policiales de los terroristas muertos por las fuerzas galas de orden en estos últimos días.

Pues bien, estando así las cosas y vistas las determinaciones del Gobierno francés de seguir una política de seguridad nacional antiterrorista – de inequívoca proporcionalidad con el rango masivo de los crímenes cometidos en París por las huestes del Daesh -, se advierte la plena conciencia de las autoridades francesas de que para defender las libertades en circunstancias como las ahora cursantes restringen las mismas al fin de preservarlas. En determinada manera cabe decir que “se está en guerra”. En guerra contra el terrorismo del Estado Islámico.
¿Cómo en circunstancias tales (que no afectan sólo a Francia) puede objetarse que se señalen los riesgos del multiculturalismo, que potencialmente se resuelve como precondición para que se genere, en este conflicto novísimo del terrorismo islámico, un frente en la retaguardia de la sociedad civil de Francia o de cualquier otra nación europea incursa en las mismas condiciones?

Volviendo a la cita del filósofo español a propósito de toda elección. Si la que hizo centralmente Europa, como cultura y civilización de libertades, ello lleva implícita la renuncia a cuanto implique objeción, combate y riesgo para lo elegido. Lo contrario supone, a corto, medio y largo plazo buenísimo irresponsable, complaciente y bobo. Como si la razón de Estado no tuviera otra luz que la del petróleo.