¿Qué, quiénes y por qué financian a Daesh?

Mientras cuaja el debate político sobre la oportunidad/necesidad/conveniencia de articular ejes internacionales de variable tamaño y diversa composición para combatir militarmente al Daesh o Estado Islámico, dentro del clima de opinión internacional y respuesta nacional francesa aflorados con la masacre del pasado viernes en París – y en tanto el esfuerzo policial del Estado realiza una criba de enorme magnitud a todos los niveles y con fruto cierto, medido en la cuenta de terroristas detenidos y muertos -, parece echarse de menos un énfasis semejante y proporcional sobre las tres interrogantes que encabezan esta nota.

La cooperación bancaria suficiente para el seguimiento de los fondos con que se nutren las actividades internacionales del Estado Islámico o Daesh es algo de lo que se sabe poco o simplemente nada, siendo de tanta o mayor importancia que el propio censado policial de los terroristas y sus colaboradores, individuales o institucionales. Definidos en unos casos por lo que hacen en pro de la trama yihadista, tanto en términos de actividad, primordialmente con financiaciones. Y en otros, de inhibición tolerante y con el mirar a otra parte.

En este orden de consideraciones, se advierte una preocupante desatención analítica. Especialmente, en lo que respecta al críptico veteado de poder – económico, ideológico y político – sabido de siempre y que concurre en el entramado geopolítico de la cuenca del Golfo del Petróleo. No basta, con el barrido, cribado y filtrado por la sabida geografía de los hervores islamistas de la segunda generación de musulmanes establecidos en Europa como resaca histórica de la descolonización – después de la Segunda Guerra Mundial y como trasfondo de la Guerra Fría -, impulsadas las emancipaciones nacionales en el entonces denominado Tercer Mundo, conjuntamente, por Estados Unidos y la URSS. En este sentido, a despecho de las actuales presentaciones del problema terrorista, tiene éste no poco de deyección y resultante excrementicia de cuánto ha procesado el cambio histórico que vino a suponer la descolonización. Nada es gratis, ni en la economía ni en la cuenta global por la crónica de los tiempos.
Disponer de la información suficientes en los dichos extremos sobre las fuentes de recursos que nutren la actividad del Daesh, antes de elaborar los programas que arbitren la actuación internacional conjunta contra el terrorismo islamista, es condición necesaria para que cuanto se pueda hacer conjuntamente por una coalición internacional, contra este último terrorismo, sea algo fructífero tanto por lo que se reprima a corto plazo como por lo que se evite para el inquietante después.

Cuando se repara en qué fueron las desinformaciones y los errores garrafales en la guerra del 2003 contra Sadam Hussein, como ingredientes del terrorismo islamista de ahora, será más fácil entender las exigencias de información previa a la campaña internacional conjunta que se pretende ahora contra el llamado Estado Islámico.