Transversal pacto franco-ruso

La ubicua condición del desafío al mundo por parte del autodenominado Estado Islámico (EI) trae, destacadamente como efecto, la transversalidad en las reacciones que provoca, tanto en lo político como en lo militar. Esa ubicuidad sin excepciones discurre por el plano de la congruencia. De tal manera, la beligerancia militar de Francia contra esta última y negra floración del yihadismo se viene a redoblar después de la orgía terrorista del viernes, con la multiplicación de los ataques de su aviación desde el Mediterráneo oriental y desde el Golfo Pérsico, partiendo en este caso desde los Emiratos Árabes Unidos.

También desde el Mediterráneo Oriental partiendo de la base militar siria de Lataquia, Rusia dirigía los suyos simultáneamente sobre el área de Raqqa – donde el EI reúne, en objetivos militares, económicos y logísticos lo más relevante de retaguardia – redoblados ataques, luego de que sus expertos militares alcanzaran la evidencia de que el Airbus con sus 200 turistas rusos cayera ya destruido sobre el norte del Sinaí, antes de alcanzar la vertical del Mediterráneo, una media hora después de despegar de Sharm el Sheik, dónde habían pasado las últimas y más felices vacaciones de su vida.

Cuando al efecto ubicuo de la certificación inequívoca de que el catastrófico incidente aéreo se suma la evidencia de que fue un atentado y no un accidente, el presidente Putin toma la iniciativa de cambiar su propósito en el marco de la guerra civil siria. Y lo hace como San Pablo cuando se cayó del caballo a las Puertas de Damasco: dejó de bombardear a los beligerantes de medio pelo contra Al Ashad para mandar por derecho su aviación contra las huestes y los objetivos de quienes, además de destruir el Airbus ruso habían montado en París la masacre terrorista del viernes último. La transversalidad había comenzado, haciéndolo en términos cuya profundidad y extensión no han sido definidos todavía.

De forma concomitante, la conferencia turca del G20 había aportado la oportunidad del encuentro cara a cara, y el diálogo directo entre el presidente Putin y el presidente Obama en forma ya casi olvidada, especialmente desde la crisis de Ucrania. Ello ha traído la base de un nuevo contexto en las relaciones internacionales. Al punto que cabe avizorar ya el paso de una Guerra Fría II, a una positiva evolución hacia una segunda fase de la alineación general contra la pandemia terrorista de base islámica: una nueva cadena de respuesta cuyo primer eslabón sería el pacto franco-ruso, susceptible de desplegarse en otro género de actuaciones militares, más allá de los bombardeos en que sólo se está… Los intereses franceses y de los europeos y occidentales en general son coincidentes con los de Rusia en lo que toca al Daesh o EI, tenida en cuenta la crónica infección islamista que Rusia padece dentro de sus fronteras. La emergida transversalidad, quizá quepa decir, también es un predicado de la globalidad.