El problema sirio revoluciona la diplomacia en Oriente Medio

El “placet” norteamericano para que la República Islámica de Irán se incorpore a la negociación encaminada a poner fin a la guerra intestina que Siria soporta desde hace más de cuatro años, es dato de la máxima relevancia política, diplomática y militar. La novedad, que tiene su base en el positivo desenlace de las arduas negociaciones internacionales llevadas cabo para que el régimen de los ayatolás abandonara – con garantías suficientes de cumplimiento – su proyecto de enriquecimiento de uranio que le permitiera, en el medio plazo, acceder a la fabricación de la Bomba Atómica: una práctica con la que Irán incumpliría las obligaciones derivadas de su condición de potencia signataria del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares.

La relevancia del suceso, propia de la aceptación norteamericana, lleva más allá de la puntual importancia de lo ahora ocurrido. Para medir la profundad de esto, que supone tanto como el regreso iraní a la normalidad política internacional, es preciso reparar en qué y cómo se fraguó la exclusión iraní de los circuitos normales en las relaciones internacionales. No sólo por el choque persa con la primera potencia mundial, al tomar el poder los ayatolás y constituir en rehenes a los funcionarios de le Embajada estadounidense en Teherán; también, por la profusa teoría de tensiones generada desde la “revolución islámica” del “jomeinismo”, con sus amenazas al resto de Estados circunvecinos en la geografía del Golfo del Petróleo.

Tras de este aspecto se situó la motorización real de la guerra de ocho años entre los dos Estados avecindados en cada orilla del Chat el Arab: espacio en el que confluyen, para su compartida desembocadura en el Índico engolfado, el Tigris y el Éufrates: ríos que enmarcan regionalmente el conflicto de Siria, también imbricado en el norte de Iraq desde la irrupción del IE (Estado Islámico) en el conflicto que ha conseguido llegar a las puertas de Damasco.

Y ha sido la guerra civil siria la causa de que tanto Irán y sus correligionarios (en el chiísmo) los que han traído finalmente hasta la situación dónde la República Islámica se haya convertido en presencia y participación militar suficientes para que Washington envaine su veto a que Irán se convirtiera en factor obligado y necesario para hacer algo más que pararle los pies a la barbarie y demencia terrorista del EI.

El peso incuestionable que tiene la progresiva intervención rusa en Siria es dato de incuestionable relevancia en el “rescate” de los persas para una acción conjunta en el Oriente Próximo y Medio. Dato éste que, en términos de análisis, abre una ventana a la revisión de las tensiones – más que razonablemente subsistentes – por la intervención putiniana en Ucrania.