“Estado de emergencia” en la revolución bolivariana

Huido el fiscal con su aparato de acusaciones al opositor Leopoldo López como chivo expiatorio de la contrarrevolución al régimen chavista establecido en Venezuela hace ya 16 años; barrida la coartada en que se apoyaba Nicolás Maduro ante las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre; cuando los análisis demoscópicos vaticinan unánimemente una derrota sin precedentes del régimen gobernante, el heredero de Hugo Chávez hace una proclama nacional de su fe en el “poder popular” como categoría alternativa a lo que dicten las urnas, especialmente cuando los estragos causados por la “guerra económica” hacen prever más que nunca la debacle del sistema.

Son tales las circunstancias imperantes, tan sólida la previsión de la derrota política, que Nicolás Maduro, frente a las dos semanas que faltan aun para el comienzo de la campaña electoral inicia ya la movilización de sus propios candidatos, incluyendo en el plan de preactivación un ensayo general de los comicios mismos, al que han sido especialmente invitados a participar los militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

El hecho de que a la par de esta activación de la militancia se haya hecho la convocatoria de una recolección de firmas en apoyo de un manifiesto de respeto popular a los resultados electorales, en la que participen los gobernadores de las Administraciones regionales del país, incluido el propio Henrique Capriles al que Maduro llama “El Zángano de Miranda”- que ya se presentó en dos ocasiones como candidato -, es algo que denota muy claramente el trastorno que ha supuesto para el régimen chavista la fuga del fiscal que aportaba la carga de acusaciones sin fundamento contra Leopoldo López.

Esfumado con la fuga del fiscal el entero dispositivo dialéctico contra la renovada candidatura de la Oposición en las elecciones de diciembre, a Maduro no se le ha ocurrido remedio mejor que ponerse el apósito antes de que sobrevenga la herida de la derrota, mediante una campaña que lleve a la aceptación por todos de los resultados oficiales en las venideras urnas de diciembre. Los precedentes de la monumental estafa electoral de los comicios anteriores lo dicen todo. El engaño está ya cantado, puesto que el sistema establecido de conteo electrónico supone tanto como la garantía de una estafa política estructurada.