Cuando cruje el populismo hispánico

Cuando en la primera vuelta de las elecciones argentinas se viene abajo la continuidad del kirchnerismo, que es allí la última versión de su populismo nacional – que floreció en la opulencia agropecuaria durante la Segunda Guerra Mundial sobre la plataforma de la propia neutralidad en aquel megaconflicto -, casi al tiempo que al actual populismo chavista, enredado en la farsa judicial en torno al opositor Leopoldo López, se le escapa a Estados Unidos – con las enteras claves del montaje procesal que dirigía- el fiscal que el perniquebrado régimen de Nicolás Maduro utilizaba para decapitar a la oposición con la que habrá de contender en las elecciones del próximo mes de diciembre; cuando coincide uno y otro quebranto en los principales reductos del populismo iberoamericano, sobreviene en el escenario político español, la sospecha de que algo tendrá que ver con todo ello el perceptible desplome de la mercancía podemita, llegada en su día a esta orilla del Atlántico con carburante del chavismo. Es decir, desde el común del populismo de connotaciones hispánicas en clave de babor: cuanto más rojo mejor. Y óptimo, llegado el caso, si se adorna con apoyos a los secesionismos de toda laya ahora cursantes en España; especialmente, con aportación de votos, en Cataluña, a quienes se definen en su específica voluntad de transición desde el autonomismo al separatismo.

El populismo de izquierda, como el de derecha, es mercancía averiada, aquende y allende los mares. “Podemos”, luego de haber hecho un importante gasto político en su día con los griegos de Syriza – que se la hubieron de tragar diciendo “digo” donde dijeron Diego -, ungido de desinformación puntual y de ignorancia sistémica en cuestiones de fondo, se ha venido a enredar después en las cuestiones de política nacional más relevantes de la izquierda, topándose con los tenderetes residuales de los primeros compases en el cambio político español. Incurso en la condición de mercancía obsoleta, como la de sus patronos ideológicos enredados en la acogida de terroristas españoles en el exilio, han quemado demasiados cartuchos, e incurrido en insolvencia nacional, en la tanda de las urnas autonómicas y locales, con la constelación de luminarias afloradas con el concurso de sus votos. Desde el Cádiz de la Pepa a la Barcelona del Gaudí y su Amanita Muscaria.