Toca fondo el crédito bancario de Venezuela

Por si algo faltara para oscurecer todavía más el futuro del crédito político venezolano, la bancada socialista del Parlamento – comandado por Diosdado Cabello, uno de los candidatos que se barajó cuando se hizo oficial la enfermedad de Hugo Chávez que le llevaría a la tumba, como uno de los más cualificados sucesores de éste al frente de la “revolución bolivariana” – ha solicitado que la Fiscalía General de la República investigue al presidente de la empresa comercial más brillante del país, al tiempo que segunda fortuna de Venezuela, Lorenzo Mendoza, al que acusa de negociar con el Fondo Monetario Internacional una intervención de la economía venezolana.

Las torpezas económicas y los dispendios sin tasa de los recursos financieros nacionales – agravados por la crisis en los precios de las materias primas, encabezada por el desplome en los mercados del correspondiente al petróleo -, han llevado a que se agotara el crédito bancario de Venezuela en China y Rusia. Contribuye a ello, obviamente, la crisis económica rusa, en la que se combinan el peso de las sanciones económicas occidentales, por la intervención en Ucrania y la anexión de Crimea además de la muy grave repercusión en sus ingresos de la pérdidas por el desplome del crudo. Y al propio tiempo, en el caso de China, por la ralentización de su crecimiento económico: determinante a su vez de la general caída de precios en el orden de las materias primas, que ha traído de suyo el retroceso de las economías emergentes a lo ancho del mundo.

Se deriva de todo ello la previsión de que los viajes de Nicolás Maduro a Pekín y Moscú para que renovaran y ampliasen los créditos a Venezuela sean cosa que ha pasado a la historia, puesto que no hay nada que rascar. De forma que la maniobra de Diosdado Cabello, activando el Parlamento contra Lorenzo Mendoza, presidente de Empresas Polar, quepa entenderla como el aviso de que el presidente Nicolás Maduro haya abierto, ante las elecciones parlamentarias de diciembre, un frente nuevo de beligerancia política contra el empresariado en general después de su sostenido batallar – nada nuevo por otra parte en la ejecutoria liberticida del populismo chavista contra las empresas periodísticas -.