Trident Juncture

Desde el 2002 no se embarcada la OTAN en unas maniobras de este porte, lo que por sí sólo señala, de entrada, el retroceso habido internacionalmente en la presunción de que el mero transcurso del tiempo nos aleja de otros escenarios epocales definidos por la tensión político-militar existente en el mundo. En el despegue aquel del actual milenio, la referencia a la Guerra Fría parecía más lejana de lo que, a primera vista, puede parecer ahora. Pero la realidad es que entre ambas datas, entre 2002 y este año de 2015, ha mediado un cambio cualitativo. La mutación se ha sustanciado en términos de mayor complejidad.

El 11 de Septiembre de 2001, el ataque de Al Qaeda a Nueva York y Washington, era a la sazón la referencia cardinal, el hecho que había traído una percepción nueva de los riesgos y las amenazas a la seguridad mundial. Un suceso suficiente para generar, de inmediato, la busca de remedios de novedad proporcional al tremendo suceso aquél. Lo encontrado para dar respuesta ante tal revolucionario terrorismo no estuvo, ciertamente, signado por el acierto y la fortuna.

El pie puesto entonces en Afganistán no condujo a nada que todavía (Estados Unidos) no ha podido sacarlo de allí. Y tampoco digamos del inmenso error que fue la guerra de Iraq, al imputársele al régimen de Sadam Husein la posesión del arma atómica. Aquella debelación del nacionalismo árabe dejó el camino despejado para que el yihadismo, el terrorismo islámico, creciera exponencialmente hasta los niveles en que ahora se encuentra, tanto en Siria como en el propio Iraq.

Como efecto final de todo ello ha cambiado todo el propio trazado de los nuevos peligros como hijos naturales de esos no tan viejos errores. Enfrenta la OTAN, como de todos es sabido, el desafío de reformular los esquemas de defensa militar para el flanco sur de Europa – en lo que se inscriben estas maniobras -, y de respuesta política y económica para la alteración demográfica generada por el empellón migratorio derivado de la guerra civil en la que se desangra Siria, con significativo medro geopolítico de la Rusia putiniana.

Una realidad ésta que se concita con el peso geopolítico logrado con su anexionismo en Crimea, que pone en sus enteras manos la base naval de Sebastopol, y con la injerencia sistémica en el oriente de Ucrania.

Todo este entramado de implicaciones y derivas, producto de una larga década de desaciertos, parece haber obligado a nuevas y urgentes prevenciones defensivas, instrumentadas en esta ocasión con las maniobras “Trident Juncture”, frente a toda amenaza contra Italia, España y Portugal. Y por extensión, contra el Mediterráneo en su conjunto.