Juego de alianzas sobre Siria

Rusia, una potencia internacional sin crédito por la agresión en Ucrania ofrece a Estados Unidos cooperar en Siria contra el Daesh, compartido enemigo a muchas bandas. El Daesh o Estado Islámico es enemigo también, en primer lugar, del régimen de Damasco: el gran sujeto pasivo del problema de una sangrienta guerra civil de cuatro años. Siria, la disputada entre Moscú y Washington, es la turnante manzana de la discordia.

Difícil encontrar un disenso de más rancio pedigrí y fundamentación más rigurosa, puesto que arrastra desde el enfrentamiento religioso (dentro del Islam) entre los respectivos protegidos: el chiísmo al que se adscribe la secta minoritaria gobernante en Damasco, protegida por la Federación Rusa, y el sunismo en el que comulgan las monarquías integradas en el Consejo de Cooperación del Golfo, tutelada por Estados Unidos después la Primera Guerra Mundial.

Por ironías del destino, el motor del problema que ha creado la nueva situación, el EI, pertenece a la parroquia suní, y con su terrorismo brutal y sistémico que hostiga a los chiíes de Oriente Medio y a la política, la cultura y las creencias occidentales, pero incluye en sus objetivos más preferentes al régimen sirio de los Asad.

De esta forma, la oferta hecha por Putin a Obama en Nueva York para el despliegue de una plenaria acción conjunta contra el Estado Islámico no ha prosperado en los términos propuestos porque el protegido de Moscú, el presidente Bachar El Asad, es considerado por Washington como incurso en responsabilidades por crímenes de guerra contra su propia población.

Sin embargo, mientras tanto, por iniciativa rusa y una vez autorizada ésta por el Senado de Moscú, el Estado Islámico recibía ayer en sus posiciones dentro de Siria una tanda de bombardeos que se sumaba en estos días a la pasada de la aviación francesa, considerada por París de “legítima defensa”, por los precedentes de terrorismo islámico sufridos en territorio francés.

Fácil es entender la razón por la que el presidente Obama se negó a la propuesta de Vladimir Putin en la sede de Naciones Unidas. Después de lo sucedido con la intervención rusa en Ucrania, especialmente con la anexión de Crimea, con el crédito internacional ruso en régimen de bajo cero, era y es poco menos que inverosímil la eventualidad de una operación conjunta ruso-americana para destruir el Estado Islámico o Daesh. Todo juego tiene sus límites, especialmente el de las alianzas. En términos de confianza y crédito, la Rusia de Putin está internacionalmente quebrada.